Rescata

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lunes, 4 de marzo de 2013

Letra de la canción Por la simpleza de mi gente de Sergio Denis (Héctor Hoffmann)


Por Sergio Denis (Héctor Hoffmann)
Podría contar tantas cosas del pueblo donde nací,  
de la simpleza de mi gente,  
de su humildad, de su trabajo...  
de sus ambiciones postergadas,  
de su silencio, de su amor.  
Podría hablar de la inmensidad de un amanecer,  
de la tristeza de un tren partiendo  
llevándose un amigo muy lejos, quien sabe adonde...  
del primer amor, una flor entre las manos  
esperando a la salida del colegio,  
un banco de la plaza y el cine los domingos,  
de todo un mundo de ilusiones  
que el mismo lugar transforma en realidad o en olvido.  
Y mi gente, me dio tantas cosas  
como ellos nunca sabrán,  
aprendí tanto de mi abuelo arando su tierra,  
de mi padre trabajando la madera,  
del amor de mi madre por nuestra casa...  
de vivir entre calles de tierra,  
de compartir la alegría de mis hermanos,  
de sonar en mil noches perdidas  
con futuros inciertos...  
Podría hablar de tantas cosas,  
del potrero y mi camiseta de fútbol,  
del día más feliz de mi infancia,  
cuando los camellos se comieron todo el pasto,  
se tomaron toda el agua,  
y el negro Baltazar nos dejo un mecano...  
Y mis pantalones largos,  
y la escuela secundaria,  
y los bailes de estudiantes,  
y mi primera guitarra,  
y salvador Gangone tocando su violín,  
y mi amor eterno por la profesora de matemáticas,  
y yo siempre buscando el camino,  
siempre buscando el camino.  
Porque soy el sueno que una vez  
soñaron los míos alcanzar...  
porque soy mi pueblos,  
con mi pueblo volveré,  
yo volveré...

Blog de Periódico Cultural Hilando Recuerdos
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domingo, 3 de marzo de 2013

Historia de vida de un descendiente de alemán del Volga


Nací en la colonia. Soy el octavo de catorce hijos. A los diez años sufrí el desarraigo que me marcó para toda la vida: mis padres dejaron mi pueblo natal para mudarse a La Pampa.  Fue devastador, difícil y duro. Me sentí muy solo e incomprendido. Nadie me escuchaba ni tenía en cuenta mis opiniones ni las de mis hermanas. Mis padres tomaron la decisión y allá fuimos. A la inmensidad de La Pampa, a vivir en una casa en el medio de la nada, a trabajar suelo virgen, algo que con los meses se transformó en un suplicio para todos. Porque mi padre arrendó unas hectáreas de campo imposibles de roturar, donde apenas llovía, y el arado no lograba hundir sus rejas. Y donde uno salía de la casa, nuestro humilde ranchito de adobe, enclavado en la mayor intemperie imaginable, para ver un horizonte vacío y soledad por doquiera.
Así trabajamos el campo, que es una manera de decir. Produciendo poco, casi nada. Contando las chirolas que ganábamos. Comiendo los alimentos más económicos. A veces, la misma comida durante la cena y almuerzo semanas enteras. Y como si la mala tierra no fuera suficiente, llegaban las langostas, que se devoran la quinta de verduras que mi madre, a puro sacrificio, lograba hacer producir, y las heladas, que lo quemaban todo, absolutamente todo. Ni jardín teníamos.
La cruel realidad nos hizo desistir de todo intento de hacer floreciente aquel páramo. El viento soplaba día y noche. La tierra nos envolvía con su polvillo de suciedad. Deambulábamos como alienados esperando un milagro que jamás se produjo.
Cansado, abrumado, derrotado, mi padre tomó la decisión de retornar a la colonia más pobres que cuando nos fuimos. Y cinco años más viejos. Cinco años que parecían veinte por todo lo que habíamos padecido y maldecido. Sin casa donde vivir. Sin hogar donde sentarse junto a una cocina de leña y soñar con mañana mejor.
Nos cobijo abuelo, el padre de mamá. Nos dio donde vivir y qué comer. Papá estaba desahuciado.  Nunca volvió a ser el mismo. La frustración y la derrota lo fue consumiendo, y si bien consiguió trabajo a los pocos meses, murió seis años después, sintiéndose un fracasado.

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Sprichwörter: Was die Leute vom der Arbeit sagen


Wo die Arbeit zieht ins Haus,
läuft die Armut bald hinaus.

Fang deine Arbeit munter an,
dann ist si auch schon halb getan.

Was du heute kannst besorgen,
das verschiebe nicht auf morgen.

“Morgen, morgen, nur nicht heute!”
sprechen alle faulen Leute.

Auf einen Hieb fällt kein Baum.

Hans Gutgenug, der faule Knecht,
macht seine Sach’ nur halb und schlecht.

………………………………………………………………….

Refranes…

Lo que la gente dice del trabajo

En la casa donde ingresa el trabajo,
la pobreza pronto se marcha.

Comienza tu trabajo con alegría,
y ya estará la mitad de la tarea concluida.

Lo que puedas realizar hoy,
no lo dejes para mañana.

“Mañana, mañana, no hoy,”
expresan todos los haraganes.

Un árbol nunca cae de un sólo golpe.

El peón perezoso
hace sus cosas solamente a medias y mal.

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Desventuras eran las de antes: Noche de lluvia


Silva el viento. Es un silbido agudo, desgarrador, como el chillido de un niño en agonía.  Que penetra en el alma de Joseph al cruzar el cementerio para acortar el camino a casa.
Las nubes, negras, espectrales, cubren la luna. La noche se vuelve oscura. Un cielo cerrado a la mirada.
Joseph tropieza con las tumbas. El miedo se apodera de su cuerpo. Titubea. Ya no está tan seguro de sí mismo.
Cae una gota de lluvia. Luego otra. Por fin el diluvio.
Joseph principia a correr y cae… hondo, profundo… al agua. Es un hoyo. “¿Una tumba abierta?”, se pregunta. Tantea con las manos y… toca un féretro.
Intenta salir, escapar, huir… Pero no lo logra.
Resignado. Empapado. Titiritando de frío y pánico se dispone a pasar la noche dentro de una tumba, sentado sobre un ataúd, con el agua hasta los tobillos.

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La mano del tiempo


Las horas transcurren lentas pero inexorables. Y en ese fluir sin piedad, ajenas e indiferentes, arrastran mi vida hacia la vejez. Esa vejez que un día llegará, casi sin darme cuenta y, casi sin darme cuenta también, me conducirá al final de mi destino. Y serán las horas, una en particular, que sellará mi ataúd con sus clavos de eternidad, sepultándome bajo tierra, donde descansan los hombres que un día han sido.
Con esa certeza escucho el tic-tac del reloj de pared. Sabiendo que cada movimiento del péndulo es un adiós de la mano del tiempo, que me va despidiendo.

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Fotografías de tortas tradicionales de los alemanes del Volga

Fotografías de:
Omar Jorge Reinoso Iurescia,  Lucho Ruhl, 
Natalio Rudy Ruhl, Isidoro Miguel Ulman.
Libro "La gastronomía de los alemanes del Volga", de Julio César Melchior. Contiene 150 recetas tradicionales de los alemanes del Volga. Se puede adquirir desde cualquier punto del país por el sistema de contra re embolso de Correo Argentino. Para ello, hay que enviar los datos del domicilio donde desea recibirlo y se le será enviado a juliomelchior@hotmail.com.






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sábado, 2 de marzo de 2013

La abuela hacía Kreppel ...

Autor: Julio César Melchior

La abuela hacía Kreppel y mientras los freía cantaba y reía. Y yo, observándola,  desde mi inocencia casi idiota de los diez años, me preguntaba, de qué se ríe si somos más pobres que el croto que vi pasar hace unos días rumbo a la nada, con un pedazo de pan duro y una botella de vino rancio en su bolsa de arpillera.
Pero abuela cantaba, contenta, mientras freía Kreppel y llenaba el ambiente de la cocina con olor a fritanga. Sin percatarse en lo más mínimo que yo la estaba observando con atención. Ella estaba en su mundo, dichosa de hacer Kreppel para sus nietos, sin importarle nada más que ese menester tan simple y tan gratificante, según sus sentimientos.
Afuera llovía, caía una lluvia de invierno, melancólica y triste, como  mi alma al descubrir la pobreza en la que vivíamos. Como mi corazón al reprocharle secretamente a abuela su total interés en las cosas materiales, sin importarle demasiado en el lugar en el que vivíamos sino solamente en hacernos felices y darnos de comer.
Sufría mucho. Sufrí mucho en mi infancia. Pero esa tarde, por un minuto, todo mi sufrimiento desapareció cuando abuela me dio un Kreppel, calentito, recién freído por sus tiernas y dulces manos, y me senté a la mesa a comerlo.
En ese instante crucial, mi corazón se inundó de alegría y captó el mensaje que trataba de transmitirnos diariamente abuela: que la felicidad no está en las cosas materiales sino en lo que se hace y siente.


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Los abuelos alemanes


Autor: Julio César Melchior
Llegaron a la pampa indómita
buscando  un horizonte nuevo:
levantaron casas de adobe
y sembraron los campos de trigo.

Llenaron el espacio vacío
con hornos de barro,
bombas de agua,
y molinos de viento.

Trajeron tradiciones,
costumbres exóticas,
un habla de consonantes,
y un cantar de nostalgias.

Y fructificaron.
Y crecieron.
Y fueron felices.

Das Dorf

                                                                                                        Autor: Robert Reinick
Steht ein Kirchlein im Dorf, geht der Weg dran vorbei,
und die Hühner, die machen am Weg ein Geschrei.

Und die Tauben, die flattern da oben am Dach,
und die Enten, die schnattern da unten am Bach.

Auf der Brück’ steht ein Junge, der singt, dass es schallt,
kommt ein Wagen gefahren, der Fuhrmann, der knallt.

Und der Wagen voll Heu, der kommt von der Wiese,
und oben darauf sitzt der Hans und die Liese.

Die jodeln und jauchzen und lachen all’ beid’,
und das klingt durch den Abend, es ist eine Freud’!

Und dem König sein Thron, der ist prächtig und weich,
doch im Heu da zu sitzen, dem kommt doch nichts gleich!

Und wär’ ich ein König, gleich wär ich dabei
und nähme zum Thron mir einen Wagen voll Heu.

………………………………………….

Traducción: La aldea – En la aldea se levanta una pequeña iglesia; cruza una calle; / y las gallinas, llenan la calle de alboroto. / Las palomas aletean sobre el tejado; / los patos graznan en el arroyo. / Sobre el puente está sentado un joven que canta a toda voz; / se aproxima un carro con un auriga que el látigo hace sonar. / El carro está cargado de heno y viene de la pradera; / sobre el heno están sentados Juan y Elisa. / Ellos cantan y lanzan gritos de júbilo y ríen a coro: / resuena en la noche la alegría! / El trono del rey es blando y magnífico: / al estar sentado sobre el heno, nada le llega enseguida! / Si yo fuera un rey, los acompañaría, / tomando como trono un carro con heno.


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martes, 26 de febrero de 2013

Volví a mi pueblo buscando mi pasado, mi hogar…


Caminó las calles de las colonias buscando el pasado. Recorrió los barrios. Se introdujo en algunos hogares; habló con varias personas ancianas. Recordó seres queridos que ya no están. Visitó el cementerio. Bendijo tumbas con agua bendita que llevaba en un frasquito. Conversó con sus muertos. Dialogó en silencio, quizás pidiendo disculpas por no haber estado junto a ellos cuando lo llamaron para despedirse a la hora de su muerte. Suspiró hondo y mirándome profundamente convino en acercarse a la redacción de Periódico Cultural Hilando recuerdos para charlar y desahogar su pena

En la redacción, más distendido, dijo llamarse José Schwab. Contó que se había marchado de las colonias a los veinte años y que hace poco más de un mes cumplió setenta. Relató que emigró hacia la Capital Federal; que abandonó padres, hogar, amigos, las colonias –“su querido terruño”, dijo suspirando hondo y trágicamente-… para buscar un futuro mejor en Buenos Aires. Cosa que no encontró. Afirmó con pesar.
“Llegué allá y trabajé en lo que pude. Hice de todo. ¡Pero de todo! –remarcó-. Lo que uno pueda imaginar. Pero nunca logré reunir nada de dinero. Apenas lo suficiente para sobrevivir. Por lo tanto tampoco me casé”.
“En realidad no sé por qué me fui. Tal vez por rebeldía. Creo que lo del trabajo fue solamente una excusa. Me fui y enterré el dialecto. Mis recuerdos. Mis tradiciones. Quería olvidar. Empezar de nuevo. Por aquellos años había tantos prejuicios y tanta discriminación por estos lugares” –confiesa-, “que la única solución parecía ser partir y empezar de nuevo. Ser otro. No un alemán de las colonias. Sino un argentino más” –asevera bajando la cabeza, para esconder la mirada, invadida de vergüenza.
Actualmente me jubilé. Vivo en un departamentito. Solo. Y los días me resultan eternos. Extraño las colonias. No sabe cuánto pero cuánto las extraño –murmura casi llorando-. Quisiera regresar… pero ¿para qué? Si vuelvo sería un forastero en el lugar que me vio nacer. Es tarde para todo. La decisión, acertada o no, la tomó el día que me fui. Arrepentido o no, es tarde para revocarla y dar marcha atrás”.
Calla. Suspira. Murmura una queja. Quizás algún reproche. Dice que es momento de reanudar el viaje. Confiesa que le agradaría continuar conversando pero que es tiempo de seguir. Que no sirve de nada remover el pasado.
“Mi pasado es una herida abierta que nunca va a cicatrizar” –sentencia.
Extiende la mano. Saluda y se va. Cabizbajo. Solitario y triste. Como tantas personas que un día dejaron las colonias persiguiendo un sueño y hoy retornan buscando lo que ya no existe.

lunes, 25 de febrero de 2013

Mi madre murió sola

“Mi madre murió sola y dejó una silla vacía que nadie pudo ocupar”.
Mi madre quedó sola, muy sola, en la casa donde nacimos. Una cocina grande, tres habitaciones inmensas, un corredor vacío de chiquillos y las flores marchitas de tanta soledad y silencio. Camina por los cuartos buscando recuerdos, llorando nostalgias y añorando un tiempo que ya no ha de regresar.Está viejecita y triste. Viste de negro. Quedó viuda hace dos años. Sus hijos están dispersos por el país y ella está sola. Camina encorvada, rosario en mano, murmurando conversaciones que nadie escucha. Habla sola. Reproduce escenas que el tiempo se llevó pero su memoria conserva intactas. A veces ríe; a veces llora. A veces se enoja con el destino. Pero no hay nada qué hacer: nada mitiga la soledad que le amarga el alma y atormenta su gastado corazón.Esa es su vida, esta será su existencia de ahora en más hasta el día de su muerte. Los hijos, con suerte, vendremos a visitarla una vez al año. Y los días irán trascurriendo. Se harán semanas, meses, años... y un día mamá ya no estará en la casa. Se habría ido como se fue papá, casi sin darnos cuenta.Entonces, como sucede siempre, lloraremos sobre su tumba; pero será tarde. Irremediablemente tarde. Ya no podremos decirle todo lo que no le dijimos en vida ni tampoco compartir todo lo que no llegamos a compartir porque no teníamos tiempo para ella. Para nuestra pobre madre que murió sola, en la casa inmensa, la casa que nos vio crecer, como ella, como mamá, que nos dio todo y nosotros apenas si le dimos un poco de nuestro tiempo que nos sobraba, porque queríamos crecer, volar, tener una buena posición económica. Queríamos eso y mamá estaba sola. Muy sola. Y murió sola. En la cama. Sin decir adiós. Murió de soledad y tristeza.

Julio César Melchior

sábado, 23 de febrero de 2013

Fotografías de las colonias








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miércoles, 20 de febrero de 2013

Llamado ancestral


Autora: Marisol Cristina Baier Seewald
Si mis ancestros fueron aniquilados,
yo reconstruiré sus pasiones.
Sublime dolor en las venas;
sangre derramada;
muerte;
famélicos cuerpos sin redención...
estallidos, salvajes melodías de odio despiadado;
llantos, hambre, dolor por doquier;
implacable genocidio que ellos padecieron,
que siempre será
castigo y dolor sin otra razón
(sin tan siquiera, ¡por Dios!
razón alguna pudiese tener):
flagelar almas, cuerpos
y la esencia o anhelo más sagrado:
¡sobrevivir…!

Mediando gracia divina,
¡he llegado abuelos!
aunque he ignorado,
desoído y hasta negado,
vuestros gritos,
gritos,
gritos,
gritos,
que ignoré y olvidé,
aún ¡sin querer hacerlo!
Pero que ya no sirva de excusa alguna ello…
¡justificando mi propia cobardía y egoísmo!
Hoy, seré yo quien gritará el dolor
de mi sangre ancestral.
Ya no importa si bello o pertinente
pueda ante extrañas miradas nuestro grito ser...

¡AL UNÍSONO Y AL FIN UNIDOS YA!

martes, 19 de febrero de 2013

¡Feliz cumpleaños, papá!


Hoy estoy parado frente a ti, papá, llorando desconsoladamente. Acongojado y triste mirando tu fotografía y me parece mentira que ya no estés a mi lado, dándome consejos, criticando lo que, a tu parecer, hago mal. Y me duele, me duele mucho, saber que estás bajo esa tumba fría, desamparado, totalmente solo y devastado por los gusanos.
Lloró y es inútil. Rezo y también sé que es inútil. Nada me devolverá tu vida, tu presencia, tus ojos claros como el mar, tu voz serena y segura, y la aurora de tu sonrisa. Todo se ha ido la tarde en que la muerte te envolvió en su mortaja de eternidad y olvido. De adiós para siempre.
No me olvides, papá, estés donde estés. Yo jamás dejaré de recordarte y amarte.
¡Feliz cumpleaños, papá! ¡Te quiero mucho!

domingo, 17 de febrero de 2013

Desgarradora historia real: La muerte del niño (Velorio y sepultura)

Fotografía de:
http://criptas.blogspot.com.ar/2010/06/los-angelitos.html
La anciana reza en silencio. Las manos dejan correr las cuentas del rosario. La mirada fija en Jesucristo, que la observa desde la cruz, en el altar de la iglesia de la colonia. La colonia, cuyos habitantes, también asisten a la misa de cuerpo presente del nieto. La iglesia está llena. Toda la comunidad está conmocionada y compungida por la muerte del niño y la manera trágica en que se produjo: un caballo lo mató de una patada en la frente.
El sacerdote también está conmovido, levanta los ojos al cielo, ora a Dios por el alma del pequeño difunto, y al bajarlos posa la vista en los rostros de la multitud que desborda la iglesia, y ve caras curtidas por el trabajo y el sacrificio impotentes ante la fatalidad del destino, tristes, profundamente tristes, y su corazón se contrae en un impulso de angustia que lo ahoga. Permanece mudo. La boca seca. Las palabras atragantadas. Una lágrima rueda por la mejilla. El féretro del niño lanza destellos de estrellas a la luz de las velas. La colonia está de luto. El cura logra continuar. Su voz es un débil murmullo. Las almas estás unidas por un mismo dolor.
El responso concluye. Los hombres toman el ataúd de las manijas. La madre cae en llanto desgarrador. Comienza la procesión al cementerio. Una cruz con el nombre del niño, varios estandartes, y el sacerdote la preceden. La multitud va detrás rezando. Cae una llovizna tenue. Moja los rostros y el cuerpo. Confunde en un abrazo lluvia y lágrimas. La procesión se desplaza lenta, al paso que impune el cura. Llegan al cementerio. Ingresan. Depositan el pequeño cajón en la fosa no menos pequeña. El sacerdote hace lo que la Iglesia y Dios le mandan. El sepulturero tira palabras de tierra sobre el cuerpo del niño. Lo sepulta. La multitud canta el Schiksal. La madre cae en un desmayo. Los familiares la socorren. La reaniman. Pero ella ya no desea vivir. Terminada la ceremonia tiran agua bendita sobre la tumba fresca en la que colocaron coronas de flores con leyendas como “Mamá y papá”.  Nadie quiere ser el primero en dejar el lugar. La madre no quiere irse, desea ser enterrada con su niño, con su pobre bebé que ahora yace bajo tierra para siempre. Solo. Muy solo.

sábado, 16 de febrero de 2013

ELLA, YO, Y LOS HORNEROS


Aclaración: este es un poema de autoría compartida con mi hijo menor, que nació a partir de una historia real que yo le transmití, y donde "Ella" soy yo misma y el narrador es mi hijo...♥

Por Marisol Cristina Baier Seewald.
©Copyright -All rights reserved 2013

ELLA, YO, Y LOS HORNEROS

Ella de pequeña
pasaba horas enteras
mirando un nido de barro y paja,
que la propia madre, para decorarlo,
hasta de blanco había pintado...

pero ese color blanco con la lluvia se salía
debajo de él Ella encontraba un color marrón,
el nido era de hornero,
y el hornero no hace nidos color blanco
a menos...

¡que Ella se hubiese equivocado!:
¡el hornero solo hace nidos de paja y barro!

y Ella lo descubrió
aun sin querer descubrirlo

entonces, aunque su mamá volviese a pintar
y a pintar y a pintar mil veces más todavía, ese nido
¡de adorno bello nomás!
aquel nido siempre volvía a su propio color
después de cada lluvia, granizo o tormenta...

otro día la mamá de Ella, lo pintó de azul 
y verdosos celestes con pinceladas de barniz

Ella miraba con curiosidad
las puertecillas del nido
por donde le decían que habían entrado los horneros
porque no había visto nunca siquiera un hornero,
pero sí que de ellos le habían contado, 
¿y si esos dos pájaros trabajaron tanto, tanto,
casi como un año, e hicieron un palacio tan hermoso,
porque lo abandonan?

Mucho tiempo ella tardo tratando de entender,
aunque los años pasaron

aún Ella sigue diciendo "no lo sé"
¿Tanto trabajaron esos dos horneros para nada?
O será que el secreto mismo de sus vidas y la de sus hijos se encuentre allí:
no decirlo, no contarlo, no explicarlo...

Ella no sabe si es así
pero así lo ha visto y entendido,
porque a la hora de la siesta
Ella aún sigue buscando
su nido, que creo es como el de los horneros...

Cantando, luchando,
escribiendo, bailando, soñando...

viernes, 15 de febrero de 2013

Antonio Resch, un laburante incansable de la gastronomía



 Hoy tiene un servicio completo para atender alrededor de 3 mil personas.
  
Como respondiendo a su condición de hombre de la raza alemana, no le escapa a ningún trabajo, es un laburador incansable cada vez que se lo convoca, y puede estar muchas horas, muchísimas, trabajando constantemente. 
Así ha integrado los equipos de trabajo de quien él llama el “loco Juan”, por Juan Hippener. 
Luego de trabajar muchos años en el campo, llegó a la conclusión que no quería que sus hijas salieran a trabajar fuera de su casa. 
Así empezó a gestar hace 18 años un recurso para toda la familia, comenzó por comprar cubiertos para 400 personas.
Hoy tiene un servicio completo para atender alrededor de 3 mil personas, que incluye también todo lo necesario para la ambientación del lugar, para vestir mesas y sillas, para bajar los techos con tela, para hacer sectores de entrada, livings, múltiples elementos de decoración, 14 freezer, heladeras exhibidoras, una barra para tragos, y hasta la más reciente incorporación: un equipo de sonido.
Agradece a quienes le han dado una mano siempre para proveerle lo que necesita, para ayudarlo a complacer el gusto de una novia o una quinceañera, y que lo han orientado también en esta empresa que ha emprendido con su familia.
Antonio Resch, hombre alemán, trabajador incansable.

Oscar Baumgertner: “Siempre hay algo para agradecer a la Virgen o algo para pedirle”



 Pueblo Santa María se prepara para la misa en acción de gracias y procesión a la Gruta de la Virgen de Fátima. Domingo 24 de Febrero.

Hace 24 años que este hombre se encarga de cuidar la gruta de la Virgen de Fátima que está en el ingreso a Pueblo Santa María. 
La misma que hace 48 años fue inaugurada en una gran ceremonia, con la presencia, entre otros, del coro de seminaristas de Bahía Blanca. 
Unos años antes la población de pueblo Santa María, incentivadas por el Padre Juan Peter, habían empezado a hace procesiones a la Virgen orando por la lluvia, para que apagara la sequía que hacia el año 1961 se hacía muy difícil de soportar y que condenaba la producción por esos años.
El sacerdote había instado a la comunidad que justamente lleva el nombre de la Virgen, a encomendarse a ella para que cortara la sequía. A la tercera procesión, el agua precipitó en abundancia suficiente.
Entonces el Padre Peter, no tardó en recordarle a la comunidad que si había pedido en oración y le había sido concedido; había entonces que agradecer. Así fue como se proyectó la construcción de una gruta para la Virgen de Fátima.
El sacerdote en persona viajó a Portugal para traer una imagen de la Virgen del lugar en que se apareció a los pastores. 
No fue sencillo pasarla por la aduana, en momentos en que se aumentaban los controles, por eso si se mira hoy con detenimiento la imagen, se puede ver que a la altura del cuello tiene un corte, porque los controles antidrogas que entonces había, indicaba que había que buscar en todos lados. 
Como se demoraba en la aduana, el permiso para sacarla, fue el escribano Domingo Moccero quien hizo las gestiones que posibilitaron que la imagen llegara en tiempo y forma para la fecha de inauguración de la gruta. 
Ese día se organizó una procesión llevando la imagen de la Virgen desde la iglesia hacia la gruta, en el ingreso a Pueblo Santa María, donde fue entronizada. 
Y cada año se recuerda ese acontecimiento, se hace una procesión y una misa posterior, es el momento adecuado para agradecer por todo lo bueno que se tiene en la vida, desde la cuestión más simple y magnífica, como la de poder empezar un nuevo día cada mañana.
Esto es lo que dice y lo que cuenta Oscar, quien desde hace 24 años es el cuidador de la gruta y que cada domingo concurre para habitar el espacio por unas horas para que puedan visitarla los vecinos que así lo deseen y por esta labor ha sido reiteradamente destacado como un gesto solidario y de compromiso religioso.
La procesión este año será el domingo 24, partiendo a las 18 horas desde la iglesia de Santa María. Y a las 19 horas será la misa en acción de gracias.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Ana Azucena Rigelhoff: Nuestra vida fue dura, muy dura. Pero no me quejo

Yo me casé con lo puesto. Después de la ceremonia religiosa comimos un asado en casa de mis padres. Mi tío tocó el acordeón, bailamos un poco, y enseguida nos fuimos al campo a trabajar. Los viajes de boda no existían, tampoco teníamos dinero. Así es que pasé mi primera noche con mi marido en la chacra en la que fuimos a trabajar de matrimonio. Mi marido como mensual y yo como cocinera. Tenía que cocinar para diez peones. Con apenas diecisiete años ya tenía tanta responsabilidad. Y de un día para el otro. Me acuerdo que tenía mucho miedo que se me quemara la comida o me saliera mal. Pero, por suerte y gracias a Dios, todo salió bien.
Empezamos muy de abajo, sin nada. La cama nos la regaló un tío de mi marido. El colchón mi papá. Y así. Fuimos reuniendo cosas prestadas hasta que, de a poco, pudimos empezar a comprar nuestros propios muebles. Vivíamos en casa de mis padres. En una habitación que era cocina y pieza. El baño quedaba como a veinte metros de la casa, casi al fondo del patio.
Pero en esa vivienda solamente pasábamos tres días al mes, porque veníamos de visita del campo a la colonia, una vez cada treinta días, más o menos: llegábamos los sábados a la mañana y no íbamos los lunes a la mañana. Ahí vivimos durante veinte años hasta que por fin pudimos ahorrar unos pesos y comprarnos nuestra propia casa. Para ese entonces ya teníamos ocho hijos, el mayor de diecinueve trabaja a la par de mi marido.
Nuestra vida fue dura, muy dura. Pero no me quejo. A pesar de todo, fuimos felices. No nos sobró nada. Pero tampoco nos faltó nada. No había lujos, sólo teníamos lo necesario para vivir y eso alcanzaba. ¿Para qué más?