Rescata

Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com

lunes, 11 de julio de 2022

La 19º edición de la Schlachfest (Fiesta de la Carneada) mantiene vivas las tradiciones alemanas

Exitosa fiesta en el Salón Cultural Germano Argentino, con organización
conjunta de la Asociación Argentina de Descendientes de Alemanes del Volga, filial Coronel Suárez, y el Club Germano Argentino, de Pueblo San José. Hubo música, baile y la comida típica de la carneada.

Una de las fiestas más populares organizada por la Asociación Descendientes Alemanes del Volga y la Asociación Cultural Germano Argentina es la Fiesta de la Carneada, que tuvo su 19º edición, en el amplio y remodelado salón del club Germano Argentino en pueblo San José.
La fiesta tuvo como atractivo una propuesta variada del menú típico de una carneada, este año con el agregado de un leberwurst casero, la presentación del Alles Froh y la música del grupo Astral con su despliegue y lo mejor de la música alemana.
La comida se llevó un lugar importante en la consideración de los asistentes, cerca de las 10:00 de la noche los mozos llevaron hasta el centro del salón los tradicionales carritos con los productos típicos de la carneada, con platos que incluyeron entre otras cosas morcillas blancas y negras, chorizos caseros, queso de chancho, jamón crudo y ensalada de papas, como entrada, además del ya mencionado leberwurst. Luego el tradicional chorizo hervido con ensalada y como plato principal carne con papas para coronar con helado de postre.
Desde distintos puntos del país llegaron delegaciones para disfrutar de esta fiesta que tiene reconocimiento provincial desde hace once ediciones.
Al momento de los discursos tanto Juan Hippener como Hugo Schwab, organizadores, destacaron el esfuerzo previo de los colaboradores de siempre, con los asadores, las mujeres que trabajan en la cocina y el espíritu festivo que siempre los acompaña.
Juan Hippener, presidente de la Asociación Descendientes de Alemanes del Volga, dijo que “son tantos años de sacrificios y alegrías para que la gente disfrute. Hace 19 o más años que comenzó esta fiesta, éramos un grupo de aquellos pioneros que hoy ya no están, soy el último”. 
Además sostuvo que “ellos me enseñaron todo y agradezco de corazón a todos los que vinieron a disfrutar. Trabajamos desde hace varios días para esta fiesta y agradezco a Dios que me sigue dando salud para poder estar una vez más en esta fiesta”. 
Hugo Schwab, emocionado por la entonación del Himno Nacional Argentino, ya que es la primera vez que la fiesta se celebra un 9 de Julio, Día de la Independencia, recordó un poema de su autoría escrito hace tiempo que habla del sacrificio de aquellos alemanes que llegaron con dudas, sueños y muchas ganas de trabajar y fueron recibidos por un país que les abrió las puertas. 
El intendente de Coronel Suárez, Ricardo Moccero participó junto a su secretaria privada Estefanía Vallejos y los delegados de los pueblos San José y Santa Trinidad de esta edición de la fiesta. 
El Jefe Comunal elogió a la entidad organizadora del evento popular, que sin lugar a dudas refleja el quehacer de los antepasados reafirmando el interés y vocación puesta al servicio de mantener intacto el criterio que recupera y trasciende los usos y costumbres de nuestros Pueblos Alemanes y sus descendientes.
Mencionó su paso por Alemania y dijo que “esta fiesta es un orgullo. Estamos muy contentos de tener esta gente trabajadora y dedicada. Después de dos años hoy podemos festejar todas las fiestas que vienen por delante y lo más importante es estar unidos y conservar las tradiciones”. 
La fiesta tuvo un momento de reconocimientos y este año recayó en un colaborador incansable y silencioso, Daniel Verdecchia quien recibió una placa acompañado de su familia y se llevó el aplauso y el reconocimiento de todos. 
El grupo Astral y el ballet de Alles Froh completaron la noche con su alegría e hicieron bailar a todos los presentes hasta altas horas de la madrugada. 






viernes, 8 de julio de 2022

Los hornos de barro del Club Germano cocinarán unos 300 kilos de carne

 Se recuperaron dos de los tres hornos que tuvo el club, desde sus inicios. Desde hace un
tiempo se han puesto en funcionamiento otra vez, en diferentes eventos. Y será allí, donde por primera vez se horneará la carne que será servida como tercer plato en la Fiesta de la Carneada, en Pueblo San José, Pcia. de Buenos Aires.
Diego Dome es el responsable de esta recuperación. Cuenta que los hornos, “son prácticamente de cuando nace el club. Se usaban momentáneamente después, y luego fueron quedando en el olvido”. 
Recuerda que tenía unos 12 o 13 años, cuando su tío Reynaldo Dome, era un habitué del club Germano, y siempre cocinaba. “Un día se casa una tía mía, hermana de Reynaldo. Yo estaba sentado en lo que era todavía una cocina chica, cuando Reynaldo me pregunta si quiero aprender a usar los hornos”. 
Relata Diego que fue en ese momento, donde le transmitió algunos secretos. “Me dijo cómo tenía que hacer, cómo tenía que quemar y hasta que altura tenía que quedar la parte blanca de los ladrillos, para que el horno esté caliente. Eso, quedó en la historia. Yo tenía 13 años”. 
Cuenta que en el año 2013, después de la fiesta de los 125 años de la fundación de la colonia, hablando con Hugo Schwab, le preguntó que se podía hacer con los hornos. Ahí Diego le dijo que se podían usar. Le propuso probar y ver si respondían de la misma manera. “Los prendimos y ahí hicimos creo que 60 kilos de carne. Salió espectacular, me acordaba de las instrucciones que me había dado Reynaldo Dome en ese momento; lo hice de la misma manera y salió genial”. 
A partir de ahí, se hicieron muchos acontecimientos usando estos hornos. Fiestas de casamiento, fiestas de 15, otros eventos. Pero será la primera vez que serán usados para la Fiesta de la Carneada. “Es historia viva, historia que se puede palpar. El gusto es distinto, único”, dice Diego Dome, que tendrá la responsabilidad de cocinar unos 300 kilos de carne para servir a casi 700 comensales, este sábado. 

Padre e hijo: el privilegio de seguir juntos la tradición

Fuente: lanuevaradiosuarez.com.ar 

Marcelo Waigel tiene 75 años, es quien enseñó a su hijo Gustavo esta tradición de las carneadas. La que –cuenta en una entrevista, mientras ayuda a embutir chorizos-, aprendió de sus suegros.
Dice que su hijo lo hace trabajar mucho con “estas locuras de Juan y Gustavo. Nosotros, somos todos ayudantes”. En este hombre se ve la satisfacción del trabajo compartido, con una tradición transmitida de generación en generación. 
Recuerda que “aprendí con mi suegra, mi suegro. Yo era recién casado. A veces nos quedábamos los dos solos, mano a mano, son mi suegra, trabajando en esto. Comprábamos los cerdos. Se hacía un chancho grande y una vaca. Era mucho trabajo. Eran 3, y a veces, hasta 4 días de trabajo ininterrumpido”. 
Dice que si bien, hay diferentes variaciones para elaborar la morcilla negra –pueden llevar pedacitos de chocolate, pasas de uva, nueces-, en lo de sus suegros, se hacía la variedad común, sin estos agregados. Y se hacía más o menos la misma cantidad de morcilla negra que blanca. “Antiguamente, la morcilla negra era toda cortada a cuchillo. Ahora, se pica todo”, dice. 
“Me encanta participar en esto”, dice Marcelo Waigel, mientras, continúa trabajando con entusiasmo, con el placer de estar participando en los preparativos de esta fiesta, apoyando a su hijo y a toda la comisión organizadora.

Chorizos embutidos, queso de cerdo cocinado y prensado, sabrosas morcillas blancas y negras, listas, para la 19° edición de la Fiesta de la Carneada

Ya se siente el aroma, el sabor y la alegría de una nueva edición de la Fiesta de la Carneada,
que tendrá desarrollo el sábado en el Club Germano de pueblo San José, en la Provincia de Buenos Aires, en su edición número 19.
En estos días, la amplia cocina del Germano ha estado con la actividad a pleno. Como este jueves por la tarde, por ejemplo. Mientras en una mesa embutían chorizos, en una batea, se seguía “dándole masa a la carne”, como se dice en la jerga de esta fiesta y de esta actividad.  
En otro lugar, manos laboriosas picaban cebolla de verdeo y perejil a raudales, para condimentar toda la factura de cerdo, estrella indiscutida de esta celebración que rescata costumbre de muchas familias que con las carneadas se aseguraban comida para pasear el invierno y más también.  
Con tanto alimento a disposición, se podía recibir visitas sin problema, aun cuando llegaran sobre el horario de la cena o el almuerzo, y para poder atender parientes por varios días, total, en las despensas abundaban los chorizos secos, las morcillas, y los jamones, para compartir con los seres queridos. 
La Nueva Radio Suárez visitó la cocina del Club Germano, para poder ver todo este maravilloso trabajo de elaboración, que el sábado, tendrá cerca de 700 bocas, degustando toda esta enorme producción. Por allí estaban muchas personas trabajando, hombres y mujeres; muchos conocidos,
otros no tanto, pero todos laborando con empeño, dedicación y entusiasmo, porque después de 2 años vuelve la Fiesta de la Carneada con fuerza y entusiasmo renovado. 
Dicen que el plato inicial tendrá alrededor de ½ kilo de facturas de cerdo, a saber: queso de chancho, morcilla blanca, morcilla negra, queso de leche de vaca, chorizo seco, salamín, leberbusch, la novedad que se incorpora en la edición número 19 de la Fiesta, que tendrá desarrollo este sábado. Y por supuesto, ensalada rusa –para acompañar-. Esto será el principio, porque después la cosa seguirá con chorizo hervido; un tercer plato con carne al horno con papas; y postre. A la madrugada -¿quedará hambre, todavía?-, se servirá, en sándwich, las patas flambeadas, con varias horas de cocción, lo que asegura que salgan bien tiernas. 
Hugo Schwab, Diego Dome, Gustavo Waigel, el padre de Gustavo, Marcelo Waigel, Daniel Verdecchia; por nombrar algunos de los que estuvieron trabajando mucho esta semana. Y por supuesto, Juan Hippener, vigilando de cerca que todo se realizara según lo previsto, eran algunas de las muchas personas que ayer por la tarde trabajaban con un entusiasmo increíble en el Germano, en los preparativos centrales de esta fiesta. 
Se cargaban entre ellos, había diferentes opiniones sobre el nivel de condimentos para las facturas que se iban elaborando, debatían si más o menos sal, como parte del folklore de esta fiesta. 
“Aprendí la mayoría de él y de mi abuela que en su momento era una intrépida dentro de lo que eran las carneadas, hasta los 80 años estuvo dando vueltas dentro de las bateas. Es, como seguir una tradición”, dijo Gustavo Waigel, refiriéndose a su padre. Agregó que “esto, le gusta a la gente”. Y a todos los de la comisión del Germano y de la Asociación Alemanes del Volga, les gusta mucho por supuesto. Ya saben que el chorizo que se secó y el salame, salió espectacular. 
Cómo saben que esto –el chorizo que se va a servir hervido y que se dispondrá para secar, también- va a estar bien condimentado?, le preguntamos a los entrevistados con ignorancia. La respuesta de Gustavo: “Ese es el secreto que tenemos guardado bajo 7 llaves con Juan. Tiene que ver la mano, el amasado, el porcentaje de carne de cerdo y carne vacuna; tiene que ver con el lugar donde se seca. Y el paladar”. 
Daniel Verdecchia, fue el encargado entre otras cosas, de condimentar el queso de cerdo. “Va a salir bien”, aseguró. Y sin grasa, porque se ocupa de desgrasarlo bien, después de la cocción. 
En bateas grandes, más de 200 kilos de carne de cerdo y vaca, picada, fueron amasados por varias horas, “dándole masa, para ligar, porque si no, la carne queda suelta. Tiene que quedar pegada entre sí, porque de lo contrario queda con aire al embutirlo”, explicaron. 
En tanto, en Juan Hippener, la emoción y la ansiedad eran evidentes. Emoción contenida por dos años sin poder realizar esta fiesta, por la pandemia. Sin poder probar mucho de esto que se está elaborando porque los médicos le han recomendado cuidarse por su salud coronaria.  Explicando, que la ansiedad que siente se va a calmar, recién cuando la gente esté probando el primer plato, que tiene todas las elaboraciones estrellas de esta fiesta y dé su aprobación. 
Después que se suceda el segundo y tercer plato, cuando todos estén satisfechos, ahí se va a producir un clásico: Juan Hippener el creador de esta fiesta, ingresando al salón colmado por 700 personas, con los brazos en alto, saludando a todos, con la satisfacción del deber cumplido, por el trabajo en equipo de muchas personas, y dejando bien arriba una de las más arraigadas tradiciones de los alemanes del Volga, las carneadas.


jueves, 7 de julio de 2022

Los cachorros de la señora de la canasta

 Yo tenía diez años- cuenta don Simón- cuando regresé de la escuela y mi hermana, que era dos años mayor, llegó corriendo gritando “vení, Simón, vení a mirar lo que pasó. No lo vas a poder creer”. Mi hermana estaba feliz. Ni me dio tiempo a dejar los útiles ni de quitarme el guardapolvo. Me agarró de la mano y me llevó casi corriendo al fondo de casa y me pidió que me metiera, arrastrándome, en un hueco que había en los ligustrines. Desconfiado y todo, lo hice. Cuando estuve dentro del hueco descubrí algo que me dejó asombradísimo para mis diez años: mi perro, el perro que me había regalado el abuelo, estaba amamantando a ocho cachorritos. Me quedé un rato ahí observando obnubilado y sin comprender. Eran tan pero tan hermosos. Cuando salí del hueco mi hermana ya no estaba, así que ingresé a la casa para preguntarle a mi madre qué es lo que había pasado. Me respondió que a la mañana cuando me fui a la escuela había pasado una señora con una canasta regalando cachorritos. Yo me sentía infinitamente agradecido hacia esa señora.
A partir de allí les mostré mis hermosos cachorros a todo el mundo. Mis amigos se sentían tan felices como yo, todos querían un cachorrito. Pero yo no quería entregar a ninguno. Lo único que me parecía curioso es que las personas mayores me miraran con cara de pobre angelito cada vez que repetía la historia de la señora de la canasta regalando cachorritos. Uno de mis amigos se enojó mucho porque no podía creer, indignado, que la señora no hubiera pasado también por su casa. Si él también tenía un perro que se llamaba Fritz.
¿Por qué su perro no podía estar amamantando también cachorritos? ¡Que señora tan mala!, repetía una y otra vez.
(El mundo infantil en el que crecieron, se formaron y desarrollaron nuestros ancestros, con sus costumbres y tradiciones, incluido el idioma que, lentamente, se va olvidando y por ende perdiendo, se rescatan en el libro "La infancia de los alemanes del Volga". Para más información, comunicate al correo electrónico juliomelchior@hotmail.com).

martes, 5 de julio de 2022

Me casé tres veces y tres veces quedé viuda, cuenta doña Elisa

 Me casé tres veces. Mi primer marido se llamaba Pedro. Bebía muchísimo. Se la pasaba en el bar. Siempre regresaba borracho y con ganas de pelear conmigo. Una vez se enojó tanto porque la comida estaba fría que me clavó un cuchillazo en la pierna. Estuve varios días en cama, porque había perdido mucha sangre. Pedro murió joven. Lo mataron en una pelea, en el campo. Estaba borracho. Con él tuve dos hijos- revela doña Elisa.
Mi segundo marido se llamó Agustín. Me volví a casar porque tenía que criar a mis hijos. No tenía a nadie que me ayudara. En aquel tiempo no existían las ayudas sociales. Mis padres ya tenían suficiente con criar sus propios hijos.
Agustín también me maltrató y humilló mucho. Tuvo una amante que vivía en la otra cuadra. Los domingos los pasaba con ella, porque mi marido no estaba. Una vez se lo reproché u me rompió la nariz de un trompazo. Nunca volví a decir ni hacer nada más que llora y llorar. Con él tuve cinco hijos. A Agustín lo mató el marido de su amante, que un día llegó antes de lo previsto y los encontró juntos. Le pegó un tiro en la cabeza. Mi hijo menor tenía seis meses.
Por eso, mis padres y hermanos me consiguieron un marido. Uno de cincuenta y ocho años, que fue muy bueno conmigo. Nunca dejó que me faltara nada, ni a mí ni a mis hijos. Era muy generoso y me daba todos los gustos. Nos fuimos a vivir a su casa y tuve dos hijos más.
Volví a quedar viuda muy joven y con hijos, pero esta vez ya no quería casarme, porque estaban mis hijos mayores, que me ayudaron a criarlos y así salí adelante. Fue muy difícil porque todos insistían que tendría que volver a casarme pero yo ya no quería saber nada. Prefería a estar sola a tener que volver a pasar por todo lo que pasé- confiesa doña Elisa.
(El mundo de la mujer, secreto, íntimo, censurado, tabú, condenadas por el patriarcado, siempre olvidadas y bajo el yugo de la iglesia, tienen la palabra por primera vez en las páginas del libro "La vida privada de la mujer alemana del Volga", donde revelan todo el mundo que fueron descubriendo y creando, sin tapujos y sin miedo.
El libro se encuentra a la venta y se envía a domicilio a través de Correo Argentino con seguimiento on line. Para mas información comunicarse por correo electrónico juliomelchior@hotmail.com).

miércoles, 29 de junio de 2022

Hoy se conmemoran 258 de la fundación de la primera aldea en el Volga

 El 29 de junio pero de 1764 se produce uno de los acontecimientos más trascendentes en la epopeya migratoria desarrollada por nuestros ancestros: se funda Dobrinka, la primera aldea erigida a orillas del río Volga por los colonizadores alemanes que dejaron su tierra natal para seguir las promesas escritas en el Manifiesto lanzado un año antes por la zarina Catalina II “La grande”. Fue el inicio de una colonización que marcó y modificó el destino de varias generaciones de familias. Una historia que se redactó teniendo como premisas la resistencia y la fuerza de voluntad de un pueblo, su vocación de trabajo, sus convicciones, su fe en Dios y en sí mismo y su tesón de salir adelante enfrentando todas las dificultades y todos los contratiempos. Fundando aldeas, construyendo iglesias, levantando escuelas, forjando una sociedad y una cultura y sembrando trigo y haciendo surgir un vergel donde solamente había estepa y desolación.
Una historia que luego, más de cien años después, continuaron nuestros abuelos en la Argentina.

Un poco de historia

La historia de los alemanes del Volga comienza en 1763, cuando un grupo de alemanes, respondiendo al Manifiesto lanzado por Catalina II La Grande, parten, principalmente de los territorios que en la actualidad conforman los estados de Hesse, Renania-Palatinado, Baden-Wurtemberg y Baviera, a colonizar tierras del bajo Volga, embarcando en el puerto de Lübeck, para navegar por el Mar Báltico, rumbo a la ciudad de Oranienbaum, Rusia, para finalmente dirigirse a San Petersburgo. Donde se encontraron con la primera violación del Manifiesto, al enterarte que todos debían dedicarse a la agricultura, sin importar su profesión de origen (había farmacéuticos, médicos, abogados, ingenieros, maestros, zapateros, herreros, panaderos) y que debían rendir fidelidad a la Corona. Desde donde se dirigieron al bajo Volga.
La comitiva buscaba un nuevo horizonte escapando de los conflictos religiosos y las sucesivas guerras, la de los Cien Años (que en realidad se prolongó durante 116 años, entre 1337-1453), la guerra de los Treinta Años (1618-1648) y la guerra de los Siete Años (1756-1763), que habían dejado los territorios devastados por el permanente paso de las tropas, que arrasaban con todo, cosechas y alimentos, y dejaban el campo sembrado de muertes, hambrunas, enfermedades, pestes, y sin gente joven para comenzar de nuevo.
En los primeros años partieron de la actual Alemania 30.000 personas y como consecuencia de las inhumanas peripecias que tuvieron que afrontar durante el viaje, solamente consiguieron llegar a destino 23.000. El resto quedó al margen del camino, bajo una tumba cubierta de nieve y una cruz de madera señalando su ubicación final. Una muerte dolorosa, de frío, hambre y enfermedades.
Tardaron aproximadamente un año en realizar todo el recorrido, desde su tierra natal, en Sacro Imperio Romano Germánico, hasta llegar a la tierra prometida, en la región del bajo Volga.
Allí los esperaba una desagradable sorpresa: Catalina II no solo los había escogido para colonizar los campos inhóspitos, desolados y lejos de las grandes urbes, rodeados de siervos analfabetos, sino también como barrera humana de contención para mantener controlados a las tribus nómades y salvajes que asolaban la región, a pura violación y matanzas.
El 29 de junio de 1764 fundaron la primera aldea, que llamaron Dobrinka, acontecimiento que se conmemora hoy.
Una historia que luego, más de cien años después, continuaron nuestros abuelos en la Argentina.

lunes, 27 de junio de 2022

The gastronomy book of the Volga Germans


 Now in English! The gastronomy book of the Volga Germans that rescues more than 150 traditional recipes. The book is about to out of print its fifteenth edition in Spanish. Five years of research by the writer Julio César Melchior.

The book is divided into ten chapters and rescues more than one hundred and fifty traditional recipes of the Volga Germans, compiled by the writer over several years of research.
It contains the recipes and the secret to elaborate traditional menus: typical meals, soups, cakes, breads, jams, cheeses, preserves, beers, wines, liquors and dozens and dozens of other recipes, to elaborate any of the traditional dishes that make up the traditional gastronomy. With images of the most popular dishes.
A book to give as a gift and to be given yourself, to keep and treasure, a book that should not be missing in any kitchen. A work that revalues, rescues, disseminates and keeps alive the gastronomic identity of the Volga Germans.

miércoles, 22 de junio de 2022

Lo que sabía de sexo la abuela Bárbara en su noche de bodas

Pintura de Elin Danielson
 Cuando me atreví, con mucho temor, a preguntarle a mi mamá de dónde venían los bebés –cuenta doña Bárbara-, me respondió mientras continuaba lavando los platos, que a las criaturas las traía el arroyo. Sin embargo, a mi amiga Amalia, su mamá le contó que los niños nacían de un repollo en la quinta. Yo tenía trece años y estaba muy confundida. Cuando le quise preguntar a mi abuela, se enojó mucho y me contestó que todavía era muy chica para hablar de ese tema, que ya tendría tiempo de esas asquerosidades y concluyó la charla con una rase lapidaria que me llenó de pánico: Dios castiga a las nenas que se interesan por esos temas sucios, que esa clase de pecados condenaron a Jesús a morir en la cruz y que por culpa de Eva, que comió la manzana, Dios condenó a la humanidad a ganarse el pan con sufrimiento, a la mujer a parir y a todos a tener que morir algún día.
Después de ese diálogo nunca volví a preguntarle nada a nadie. Tenía un miedo atroz a que Dios me condenara a arder eternamente en el infierno. Lo mismo le pasaba a mi amiga Amalia. Porque, a veces, cuchicheábamos en secreto y todas sabían lo mismo, que era pecado hablar sobre el tema.
Fui creciendo, mientras trabajaba en el campo, ayudando a mi papá a ordeñar, a dar vuelta con una pala la huerta y a regarla mientras también ayudaba a mi mamá en todos los quehaceres domésticos y a criar a mis hermanos. Mis padres tuvieron nueve hijos, seis varones y tres mujeres.
A los quince los varones se empezaron a fijar en mí. Era lindo. A mí me gustaba mi vecino Luis pero tenía tanto miedo de estar cerca de él. Cuando Luis se acercaba, salía corriendo, porque mis amigas me dijeron que si un hombre me besaba en la mejilla iba a quedar embarazada. Así que por más que lo quería, jamás conversé con él. No quería quedarme embarazada de soltera. Mi padre me iba a matar a golpes. Y si después Luis no se casaba conmigo? Quien me iba a mirar. Nadie. Mi familia me hubiera echado a la calle.
A los veinte mi papá me casó con el hijo de su amigo. Nos vimos durante un año. Venía a visitarme los domingos, a tomar mate. Nunca nos dejaban solos. Mamá nos cebaba mate y cuando terminaba se ponía a plantar, mientras nosotros conversábamos tímidamente, de nuestro futuro.
Me casé por iglesia. Tuvimos una gran fiesta de bodas. Fue hermosa. Mucho para comer. Linda música. Muchos invitados.
Todo fue maravilloso hasta que estuvimos a solas en el dormitorio. Yo estaba muerta de miedo. Mi marido se desvistió y yo no entendía nada. Y me puse a llorar, a gritar y a pedirle que me quería ir a casa. Pero no me hizo caso. Me pidió que me desnudara. Como estaba aterrada, no me moví. Entonces me agarró del brazo y me dijo que yo ahora era su esposa y que el sacerdote había dicho que Dios nos había unido para siempre y que yo el debía obediencia.
Yo sabía que era así pero de todos modos tenía miedo. No podía dejar de temblar y llorar; pero eso no le importó a mi marido. Dios lo quería así. Yo era su mujer. Sufrí mucho esa noche. Mucho.

Me fui de mi tierra pero nunca olvidé mis orígenes

 De tanto merodear la estación y escuchar relatos de sueños que se cumplían si uno juntaba coraje, hacía
las valijas y partía rumbo al progreso, yo también junté valor, armé mis maletas, me subí a un vagón, me senté junto a la ventanilla y partí rumbo a Buenos Aires. De tanto pasar cerca de la colonia, el tren un día me llevó a la ciudad de Buenos Aires. La ciudad que mis ancestros señalaban como el antro de la perdición para los jóvenes y la misma ciudad de la que en todos los lugares huían, yéndose a vivir a sus propias comunidades, las que fundaban, empezando siempre de nuevo, en el medio de la nada.
Y me fui. Sin saber que al partir, no solo dejaba a mi madre en la estación agitando su pañuelo húmedo de llanto y a mi padre mirando el horizonte, serio, adusto y preocupado hasta el final de sus días, sino que también dejaba atrás, en la colonia, mis raíces, sin saber ni comprender que cada día que pasara, iba a olvidar un poco más mi lengua, mis costumbres y mis tradiciones. No por propia decisión, por supuesto que no, sino por la simple razón de que cada jornada que pasara iba a asimilar más y más los hábitos de los habitantes de la ciudad, hasta terminar integrándome plenamente a su estilo de vida. Y de tanto compartir esta nueva cotidianidad iba a terminar asimilándola como propia.
La colonia y su gente se iría diluyendo en el pasado, en un ayer lejano, cada vez más difuso, que sólo la nostalgia, muy de vez en cuando y muy de tarde en tarde en tarde, acompañada de cierta dosis de melancolía, mantendría latente en la memoria. Para recordarme, al escuchar el eco de alguna voz, sentir el aroma de alguna comida, que mi identidad no estaba allí, sino en otro lugar.
La vida pasaría. Los años se sucederían, unos tras otros, vertiginosos. Sin días libres. Corriendo detrás del trabajo y las responsabilidades cotidianas. Primero tras el deseo de tener un casa. Luego una esposa. Después hijos. Luego la familia. Después los nietos. Siempre surgía un objetivo nuevo. Siempre un paso más. Primero un deseo, luego otro y otro y otro. Hasta que llegó la vejez.
Ahora, en mi casa, anciano ya, con mi esposa fallecida, mis hijos casados, me descubro solo. Solo en medio de la ciudad inmensa. Profundamente solo. Solo y a la vez, rodeado de millones de personas. Y se me da por pensar en el pasado, en recordar a mi gente, a mi colonia, a añorar mi terruño. A tratar de recordar las antiguas canciones que cantaba mi padre y a rememorar los antiguos sabores de las comidas que cocinaba mi madre en la cocina a leña. Se me da por sentir una profunda nostalgia. Tan profunda que duele.
Tanto duele que, muchas veces, me surge el hondo deseo de volver a mi pasado, a ese lugar del que nunca debí partir.

sábado, 11 de junio de 2022

"Dejé la escuela y me mandaron a trabajar cama adentro a casa de un matrimonio que tenía diez hijos” –cuenta doña María, una abuela alemana del Volga

Pintura de David Jon Kassan
 Doña María cuenta que nació en 1943 en una pequeña casita de adobe y que su madre la trajo
al mundo sin la ayuda de ninguna partera ni médico, como era común por aquellos años. La encargada de asistir a todos los partos y ayudar a dar a luz a las mujeres, era la suegra, que a fuerza de presenciar nacimientos había adquirido cierta experiencia. Los bebés nacían en casa y en alguna habitación alejada de los demás niños. A quienes se le decía que el nuevo hermanito había nacido de un repollo en la quinta, que lo había traído la corriente del agua del arroyo o que algún personaje, al pasar, lo había dejado en la casa, al cuidado de la familia.
También cuenta que tuvo doce hermanos y que la casita de adobe en la que nació y vivió hasta que se casó, a los quince años, solamente tenía una cocina y dos habitaciones. Y que el piso era de tierra. Los muebles muy escasos. Que lo más caro e importante que tenían era la cocina a leña. Todos los muebles los fabricó su padre en los tiempos libres que le dejaba el trabajo en el campo. También cuenta que faltaban camas pero que nunca nadie se quejó, que tuvo una infancia feliz. Sostiene que mientras iban naciendo más hijos, los más grandes ya se iban a trabajar a otros campos, con otros patrones, sobre todo los hombres, y las mujeres, generalmente se enviaban a trabajar a la ciudad, de sirvientas. "Antes -acota- los hijos teníamos que empezar a trabajar a los nueve o diez años para ayudar a mantener a toda la familia". Eso hizo que solamente los tres hermanos menores pudieran asistir a la escuela y completar la primaria. Los demás, apenas aprendieron a leer y escribir gracias a que la madre pudo enseñarles los rudimentos básicos para leer la Biblia y rezar.
"Vivíamos humildemente" -reconoce- "pero no éramos pobres porque nunca nos faltó un plato de comida ni tampoco jamás pasamos hambre. Mamá se las ingeniaba con lo que tenía a mano para que todos sus hijos crecieran fuertes y sanos. Ella criaba gallinas, patos, gansos, tenía una quinta de verduras, que todos ayudábamos a regar, y un cerdo siempre listo para la carneada. Se hacía chorizo dos o tres veces al año. Y el dulce casero, la manteca casera, al igual que los quesos y la miel, no faltaban nunca. Mi madre se levantaba a las cuatro de la mañana, junto con mi papá. Amasaba y horneaba el pan diario. Después ya comenzaba la jornada de cada día. Mientras mi padre se iba a arar, mi madre y mis hermanos ordeñaban las vacas".
"Yo empecé a ordeñar a los nueve años. Hacía un frío tremendo. Helara o lloviera, a las vacas había que ordeñarlas, porque de eso dependía no solamente nuestro sustento diario sino el ingreso de un dinero extra, porque el excedente de leche se vendía. Al igual que mamá vendía huevos, gallinas, patos, gansos. Vendía de todo! Nuestra casita estaba casi a las afueras de la colonia, eso permitía a las gallinas vagar libremente. Aunque antes, todo el mundo tenía gallinas y cerdos. A nadie le molestaba. La gente era más comprensiva y más solidaria" -sostiene.
"A la escuela fui solamente hasta segundo grado. En realidad, mucho no me gustaba. Las maestras eran muy severas. Ante cualquier error enseguida recurrían al puntero. A mí una vez me pegaron tanto sobre los dedos que me dolieron durante una semana entera. Encima tenía que fingir para que no se dieran cuenta en casa, porque si no también me hubieran castigado. Antes, el maestro siempre tenía razón. Fue difícil ordeñar con los dedos doloridos. Pero qué iba a hacer?".
"Dejé la escuela y me mandaron a trabajar cama adentro a casa de un matrimonio que tenía diez hijos. Yo tenía que cocinar, lavar y planchar, porque ellos tenían una tienda".
"Allí estuve hasta que me casé. Todavía era muy joven cuando conocí a mi marido. Él era amigo de mis hermanos. Nos gustamos y decidimos casarnos. Nos fuimos juntos a trabajar al campo, al día siguiente de habernos casado. No había dinero para fiesta de casamiento. Sí, tuve mi vestido blanco y una cena familiar en casa de mis padres. Uno de mis tíos tocó el acordeón. Se armó un lindo baile".
"Después fueron naciendo mis seis hijos. Dos pudieron terminar la secundaria. Los otros, lamentablemente, solamente la primaria. Siempre hubo tiempos difíciles. Sobre todo en el campo y para los peones. Cuando nos jubilamos nos vinimos a vivir a la colonia. A la casita que fuimos construyendo con mucho esfuerzo. Y aquí estamos, los dos solitos. Todos mis hijos se casaron e hicieron su vida. Algunos están lejos, otros cerca. Últimamente nos vemos poco. Es difícil que puedan coincidir todos. Así es la vida" -concluye doña María. "Y uno debe tomarla como venga".

(Para conocer y profundizar el tema los invito a leer mi libro “La vida privada de la mujer alemana del Volga”, si desean mayor información sobre como adquirirlo, por favor escríbanme al email: juliomelchior@hotmail.com o al 01122977044).

Éramos tan felices y mamá cocinaba tan rico

 Sobre la cocina a leña hervía el agua con los Kleis. Al lado, en una sartén, se doraban las cebollas con trocitos de pan duro. En el horno se asaba la carne con papas. Todo a la vez y en perfecta armonía. Un conjunto de aromas y sabores que mamá sabía amalgamar correctamente y que después degustaba toda la familia sentada alrededor de la enorme mesa de madera, en la cocina, que quedaba chica.
Papá se sentaba en la punta: presidía la mesa siempre. Rezaba una oración agradeciendo a Dios el plato de comida. Solamente mamá y él tenían permiso para conversar, los hijos debíamos permanecer callados y responder únicamente si se nos consultaba. Y ojo con discutir o pelear durante la comida. Si por descuido u olvido hacíamos eso, papá nos cerraba la boca con la mirada. Ni siquiera mis hermanos mayores tenían autoridad para contradecirlo. Había que bajar la cabeza y obedecer.
¡Éramos felices! ¡Qué rica era la comida que preparaba mamá! Los Kleis con la cebolla y los trocitos de pan dorados bañados en mucha crema de leche eran una delicia! ¡Un manjar! ¡Y la carne al horno con papas, ni que hablar! Las fuentes quedaban vacías siempre. Nunca sobraba nada. Mamá se ponía contenta por eso. Cocinar para su marido y sus hijos era su máximo placer.
Después de comer las mujeres ayudaban a mamá a limpiar la mesa y lavar los platos mientras los varones nos íbamos al campo a trabajar con papá.

“Jamás supe lo que es la libertad de decidir por mí misma”

 Me fui de casa a los catorce años. Bah, en realidad mis padres me “entregaron” como sirvienta a una familia rica de Buenos Aires, que les mandaba mi sueldo todos los meses. No los culpo. Tampoco les guardo resentimiento. Éramos muchos y hacía falta plata para alimentarnos a todos. Así es como me marché de la colonia. Me subieron al tren llorando y lloré durante meses. En esas semanas trabajé con los ojos llorosos y la boca cerrada porque ni siquiera sabía decir una sola palabra en castellano. Viví unos días terribles, aislada, en total soledad del mundo que me rodeaba y que me marcó profundamente: cambió mi carácter y de ser alegre y extrovertido lo convirtió en introvertido y huraño.
Después, cuando pude comunicarme, me di cuenta que no me servía de mucho en aquellas circunstancias, porque no tenía un solo peso para salir en mis días libres. Los que pasaba encerrada en mi habitación, cociendo mi ropa o leyendo revistas de moda o espectáculos, como Radiolandia, que compraba mi patrona.
Añoraba mi hogar, mis padres, mis hermanitos… la colonia… sus calles… su gente… su habla… su alegría en las fiestas… pero el destino hizo que recién tuviera la oportunidad de regresar treinta años después, ya casada y con cuatro hijos.
Me casé a los veinte años. Tuve hijos. Pero si me preguntan si fue feliz en mi matrimonio, les tengo que confesar que no sé. Simplemente viví como pude o como me permitieron hacerlo de acuerdo a las costumbres sociales de aquellos años.
Nací siendo propiedad de mis padres, luego de una familia rica, para terminar como propiedad de mi marido. Nunca supe lo que es la libertad de decidir por mí misma. Porque ahora que mis padres y mi esposo murieron, mis hijos me entregaron a un geriátrico.

Para profundizar en lo que fueron las vidas de las mujeres de las aldeas y colonias de otras épocas, y poder valorar tanto sacrificio y entrega y que esas vidas no queden en el olvido, no dejen de recorrer las páginas del libro "La vida privada de la mujer alemana del Volga". Un libro revelador único en su especie. Al leerlo ya nada vuelve a ser igual porque nos descubre como fueron las mujeres y porque somos como somos hoy día. Más información:  WhatsApp: 011-22977044. Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

martes, 31 de mayo de 2022

Tres recetas de la gastronomía alemana del Volga

 Les compartimos tres recetas, de las tantas que integran la amplitud de sabores de la cocina alemana del Volga, para que puedan elaborarlas y compartirlas en familia como lo hicieron por siglos nuestros ancestros. Estas recetas y mas de 150 las encuentran en "La gastronomía de los alemanes del Volga"

Recetas de Kartoffel und Klees, Kraut und Brei y Trucke Nudel

Kartoffel und Klees
Ingredientes:
1 kg. de papas
½ kg. de harina
1 huevo
½ taza de agua
1 pizca de sal

Preparación:
Colocar en un bol ½ kilo de harina, agregar el huevo, el agua y pizca de sal; mezclar bien todos los ingredientes hasta obtener una masa liviana y dejar descansar ½ hora aproximadamente. Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Luego tomar la masa con las manos y cortar pequeños trocitos, dejándolos caer directamente dentro del agua, que debe estar en plena ebullición. La cocción de los Klees es de 5 minutos aproximadamente. Pasar todo por colador para que escurra bien. Se puede servir con chucrut, con pedacitos de panceta dorados previamente en aceite, con crema o con huevo batido.

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Kraut und Brei
Ingredientes:
1 kg. de papas
1 kg. de huesitos de cerdo o de panceta de cerdo
½ kg. de chucrut

Preparación:
Con las papas preparar puré. Hervir los huesitos de cerdo durante ½ hora aproximadamente y agregarle el chucrut y dejar hervir todo hasta que al carne esté cocida. Sacarlo y escurrirlo en el colador. Se sirve con el puré.

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Trucke Nudel
Ingredientes:
4 papas
3 huevos
300 grs. de harina
1 cebolla
Pedacitos de pan tostados

Preparación:
Cortar las papas en dados y ponerlas a hervir. Con la harina y los huevos preparar la masa para los Nudel (fideos), y cuando las papas ya están cocidas, agregar los fideos. Sacarlos, escurrirlos y poner la cebolla dorada previamente en aceite o manteca y los pedacitos de pan tostados (Kristier).

viernes, 13 de mayo de 2022

Rumbo a América

 Arrastró los tres grandes baúles a lo largo del puerto y con la ayuda de su esposa y de su hijo
mayor, los subió al barco, y con el resto de energía física que le quedaba, los acomodó en el fondo de la bodega, junto a otros bultos, de formas variables y contenidos dispares.
Sus cuerpos estaban profundamente cansados pero interiormente se sentían satisfechos. La primera etapa del largo viaje se había desarrollado sin mayores contratiempos. Los hubo, es cierto. Lo mismo que también era cierto que hubo que enfrentar momentos de mucha angustia. Pero la meta estaba lograda. La aldea quedaba atrás. Cada vez más lejos. Rusia ya no los quería. En realidad, nunca los quiso. “Nos usó mientras fuimos útiles y ahora nos expulsa” -pensó Joseph.
Allá lejos, en la aldea, allá, en la lejana Rusia, quedaban la pobreza, el hambre y el sufrimiento; pero también permanecían seres amados, padres, tíos, primos, abuelos, que no quisieron, no se atrevieron o no pudieron escapar del dolor.
Por eso, en el barco, se mezclaban la alegría y la tristeza. La esperanza y la angustia. Los pasajeros que emigraban eran conscientes que casi con seguridad jamás iban a volver a reencontrarse con los familiares que quedan atrás. Rusia estaba inmersa en un caos social, político y económico que terminaría consumiendo muchas vidas y muchas aldeas habitadas por descendientes de alemanes.
El barco se fue alejando. Cada pasajero se recluyó en su espacio. Algunos en sitios muy diminutos, dado la cantidad de pasajeros que el capitán había permitido ascender en aras de ganarse un dinero extra.
El viaje iba a ser largo. Casi un mes. La comida empezaría a escasear y a ser racionada rigurosamente. La mayoría pasaría hambre. Todos terminarían infectados de piojos y con el cuerpo lleno de ronchas de tanto rascarse. La falta de agua dulce, completaría el panorama.
Así y todo, arribaron al puerto de Buenos Aires con el alma henchida de esperanza y la idea fija de forjar un futuro mejor para sí mismos y sus descendientes.
Y transcurridos más de cien años de aquella emigración y de aquel viaje, podemos escribir con total seguridad de que lograron cumplir su meta.
Costumbres, tradiciones, lo que trajeron del Volga, lo que se mantiene hasta la actualidad, lo que se fue perdiendo. Todo en el libro que rescata costumbres y tradiciones, el libro "Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga"
La fotografía es del porta pasaporte que entregaba la empresa de viaje. Muchos de nuestros ancestros trajeron uno de esos junto al pasaporte.

martes, 3 de mayo de 2022

Los platos tradicionales de la abuela Elisa Schroh

 Al ingresar a la casa de la abuela Elisa Schroh me encontré con una mesa de madera larga y seis sillas dispuestas alrededor de ella, gastada por el tiempo y los años, con profundas cicatrices que parecían haber sido realizadas con cortes de cuchillo al cortar alguna masa, por ejemplo para los Wickel Nudel, los fideos caseros, los Kreppel. Más allá, junto a una cocina a leña, que despedía calor de hogar, una mecedora traída desde Rusia, desde una remota aldea llamada Kamenka, y en ella estaba la abuela Elisa, hamacándose, las manos cruzadas sobre su regazo mientras me recibía con una sonrisa.
Me saludó en alemán, me invitó a que me sentara, me ofreció mate, té, y Kreppel que había amasado para la ocasión, por supuesto que acepté el mate y los Kreppel.
Mientras tomábamos mate y saboreábamos los ricos Kreppel, la abuela Elisa me empezó a contar su historia de vida. Me reveló que sus padres habían llegado de la aldea Kamenka, que su madre había quedado viuda muy joven con siete hijos y que los crio sola, sin la ayuda de ningún hombre. Eso sí – agregó-, mi mamá trabajó de todo. Y por eso también murió muy joven. Falleció a los 48 años. La vida la había consumido.
Ella me enseñó todo lo que sé. Me enseñó a cocinar, a coser, a bordar, a tejer y a hacer acolchados. Durante mi juventud me ganaba la vida haciendo acolchados mientras mi marido trabajaba en el campo.
La abuela Elisa contó muchos detalles y pormenores de su vida en familia y de su vida privada. Me confesó que había perdido un hijo de dos años en un accidente casero. También me contó que, al igual que su madre, había quedado viuda muy joven.
Después se entusiasmó hablando de las comidas tradicionales. Me detalló, por ejemplo, cómo y con qué ingredientes elaboraba los Kreppel. Me dijo un puñadito de harina, leche, huevos... Y de la misma manera me detalló cómo preparaba los Maultasche (Varenick). Me contó que tomaba un puñadito de harina, le agregaba dos o tres huevos, dependiendo la cantidad de comensales, que los rellenaba con ricota y así fue sumando más y más ingredientes. Los cuales siempre eran puñaditos, nunca gramos ni centímetros cúbicos si era un líquido. Su conocimiento era tal que no necesitaba conocer nada de eso. Su sabiduría era innata. Como el de todas las abuelas alemanas del Volga. Que sabían preparar decenas y decenas de platos tradicionales que llevaban en sus prodigiosas memorias. De la misma manera fueron pasando de generación en generación desde tiempos inmemoriales, repitiendo los mismos puñaditos, los mismos sabores, los mismos aromas y el mismo amor a cocinar para la familia.
(Para quienes deseen preparar los platos tradicionales tal y como lo hacía la abuela Elisa no dejen de tener el libro “La gastronomía de los alemanes del Volga” y para conocer la vida de las mujeres y sus pormenores sociales, culturales, religiosos y familiares no dejen de consultar mi libro “La vida privada de la mujer alemana del Volga”.

Kerb 2022 - Patronadfest

 Organizado por las fuerzas vivas de Pueblo San José y la Delegación Municipal.

☑Sábado 07 de Mayo:

🔹9:30hs a 11:30hs: Venta de Kreppel para continuar con los arreglos de la casa parroquial. La docena tendrá un costo de $400 y los mismos se retirarán en el horario mencionado en el Salón Parroquial.
🔹14:00hs: Torneo de Kosser de Kerb. Organizado por la subcomisión de Kosser del club Independiente. El torneo será llevado a cabo en la cancha de dicha institución.
🔹14:00hs: Gran entretenimiento infantil en la Plaza Sergio Denis, el mismo contará con inflables totalmente gratuitos para los más pequeños.
🔹22:00 hs: Retro Kerb con la actuación del Grupo Universitario de Bahía Blanca. Organiza la comisión de Fullsen Fest. La misma contará con un esmerado servicio de cantina que se encontrará a cargo del Club Independiente.

☑Domingo 08 de Mayo:

🔹10:00hs: Santa Misa de Kerb.
🔹11:00hs: Acto Oficial frente al templo con palabras alusivas. 
Entrega de distinciones y actuación de la Banda Municipal Bartolomé Meier.
🔹14:00hs: Desfile Cívico Institucional en la Avenida Fundador Eduardo Casey. 
Una vez finalizado el mismo se podrá disfrutar de las siguientes actividades:
 Actuación de la Banda Municipal Bartolomé Meier.
 Stand de comidas a cargo de las Instituciones de Pueblo San José.
 Juegos y entretenimientos infantiles totalmente gratuitos.
 Exhibición de juegos de Kosser a cargo de Julio y Tito Hartman.
 Gran Actuación estelar de Fabián y Silvina Díaz.

☑Sábado 28 de Mayo: 

Cierre de Kerb.
🔹22:00hs: Baile con la actuación del grupo Astral, el mismo se realizará en el Club Atlético Independiente y es organizado por dicha institución.

domingo, 24 de abril de 2022

Una infancia en las colonias

Fotografía de fineartamerica.com
La infancia era una cocina a leña,
usar alpargatas llenas de agujeritos,
pantalones cortos en verano e invierno,
asistir a la escuela pisando escarcha,
salpicando el guardapolvo blanco,
llegar a clase con los pies helados
y estudiar toda la mañana sin calefacción,
tiritando de frío, repitiendo la lección,
mientras el maestro esgrimía el puntero
que, a veces, descargaba sobre nuestros deditos,
y nos íbamos a casa llorando,
donde papá, en vez de consolarnos,
nos infringía otra tremenda tunda,
mientras repetía, una y otra vez,
el maestro siempre tiene razón.

La infancia, aquella época en donde los niños que se hicieron mayores y de los cuales descendemos, se formaron, educaron, asimilaron costumbres y tradiciones de sus mayores, moldearon su carácter, sus creencias y valores, toda esa época que vivieron, la rescaté y plasmé en mi libro "La infancia de los alemanes del Volga" junto al idioma que, lentamente, se va perdiendo. Para que toda esa esencia sobreviva y no se diluya con el paso del tiempo, recopilé cada juego, cada canción, cada etapa de la infancia. Vale la pena hojear las páginas y volver el tiempo atrás. "La infancia de los alemanes del Volga" el libro bilingüe que rescata la época más tierna y añorada. WhatsApp: 011-22977044. Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

Una infancia feliz

Nuestra niñez fue feliz
jugando con lo que teníamos,
buscando lombrices en el patio,
cazando mariposas de colores,
frascos llenos de bichitos de luz,
cantando canciones en alemán,
corriendo por los inmensos baldíos,
metiéndonos a hurtadillas
en las huertas de verduras y frutales
a la hora de la siesta, en verano.
Nuestra infancia fue feliz,
en las colonias de antaño.

La infancia, aquella época en donde los niños que se hicieron mayores y de los cuales descendemos, se formaron, educaron, asimilaron costumbres y tradiciones de sus mayores, moldearon su carácter, sus creencias y valores, toda esa época que vivieron, la rescaté y plasmé en mi libro "La infancia de los alemanes del Volga" junto al idioma que, lentamente, se va perdiendo. Para que toda esa esencia sobreviva y no se diluya con el paso del tiempo, recopilé cada juego, cada canción, cada etapa de la infancia. Vale la pena hojear las páginas y volver el tiempo atrás. "La infancia de los alemanes del Volga" el libro bilingüe que rescata la época más tierna y añorada. WhatsApp: 011-22977044. Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

jueves, 7 de abril de 2022

Se acuerdan del Brummer (Prumer)?

 Cuando éramos niños le pedíamos un botón grande, de saco o sobretodo, a mamá, a papá un
trozo de hilo resistente, y con esos dos elementos construíamos el Brummer (zumbador): enhebrábamos el botón con los dos extremos del hilo, cuyas puntas cerrábamos con un nudo. Hecho esto, tomábamos el hilo por los extremos, manteniendo el botón en el centro, y lo hacíamos girar. A más velocidad, más ruido.
Hasta ahí el juego. Casero, original e inocente. Luego, para algunos varones traviesos, venía una etapa adicional. Acercarse por detrás a una niña con cabello largo para que el Brummer, girando a toda velocidad, se enrede en su pelo. Hubo casos en que fue imposible desenredar la cabellera. La niña directamente tuvo que cortarse el cabello para sacarse de la cabeza el objeto. Más de un varón pagó caro semejante ocurrencia. Primero un sermón, después una furibunda paliza con la alpargata y finalmente, una penitencia de varios días. 

Un libro único en su género, BILINGÜE con todos los juegos, adivinanzas, salutaciones festivas, canciones de cuna e infantiles, costumbres y las etapas desde el nacimiento hasta la adolescencia en español y el dialecto de las aldeas y colonias. El libro "La infancia de los alemanes del Volga" un libro imperdible para rememorar, conocer, valorar y revivir la etapa más linda de la vida de nuestros ancestros. No lo dejen de leer! Información: WhatsApp: 011-22977044. Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.

El pasado de la abuela Margarita

 Margarita tenía seis hijos, el mayor de trece años, y era viuda. Vivía en una casa humilde, construida de adobe, con solamente una habitación y cocina. Ella lavaba y planchaba para las familias pudientes de la comunidad. Los dos hijos más grandes, trabajaban en una chacra por la comida y una cama compartida en un galpón. Los otros cuatro niños colaboraban en distintos hogares, en quehaceres tan disímiles como ordeñar, regar la huerta, limpiar gallineros, barrer patios o cuidar vacas mientras pastaban. Ninguno de los hijos de Margarita tuvo tiempo de ir a la escuela. Apenas sí para aprender lo básico de catecismo para tomar la primera comunión y la confirmación.
Margarita no tenía padres que la ayudaran y los hermanos, bueno, cada uno estaba en lo suyo, lejos de la colonia, de donde habían partido en busca de trabajo. Por lo que, a pesar de tanto sacrificio y esfuerzo, no todas las noches ella y los niños se iban a dormir con la panza llena. La cena habitual era té negro y un poco de pan. Los vecinos no siempre podían colaborar con algo. Todos eran igual de pobres que ella y todos, al igual que ella, tenían varios hijos. Entre cinco y quince era lo factible.
Margarita salió adelante. Los hijos crecieron. Empezaron a formar sus propios hogares. Llegaron los nietos. La humilde casa de adobe fue modificada y modernizada. Las penurias quedaron en el pasado. En la memoria y en las nobles arrugas de un rostro y sus manos.

Descubramos juntos la vida silenciosa, oculta, reprimida y bajo qué dictámenes sociales, religiosos y culturales vivían las mujeres en las aldeas y colonias. Un mundo totalmente desconocido. Un análisis psicológico, social, familiar, único en su estilo en el libro "La vida privada de la mujer alemana del Volga". Información: WhatsApp: 011-22977044. Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com.