Rescata

Para más información pueden comunicarse al WhatsApp: 2926 461373 o al Correo electrónico juliomelchior@hotmail.com

miércoles, 27 de marzo de 2019

Así se preparaban para la Pascua los alemanes del Volga


Estamos en tiempo de Cuaresma (que comienza el Miércoles de Ceniza y termina justo antes de la Misa de la Cena del Señor en la tarde del Jueves Santo), una época del año que para los alemanes del Volga es un período de recogimiento y fervor religioso de preparación para la fiesta de la Pascua, que antiguamente modificaba no solamente el desarrollo cotidiano de la vida privada de cada persona sino también la vida familiar y social, afectando hasta la rutina sexual de la pareja. Nada de fiestas, música o demostraciones de alegría. Sin embargo, no era un tiempo triste, sino más bien meditativo y recogido. Era, por excelencia, la época anual de conversión y penitencia.
Los colonos eran llamados a reforzar su fe mediante diversos actos de ayuno, penitencia y reflexión. Grandes y chicos se preparaban para evocar la Pasión, Muerte y Resurrección que se conmemora en la Pascua. En muchas colonias, este recogimiento y fervor todavía sobrevive en la actualidad. Es un sello distintivo de la profunda fe que profesaban nuestros ancestros y que nos legaron como signo de identidad. (Autor: Julio César Melchior)

Plegaria en memoria de nuestros ancestros

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día,
de una aldea, de allende el Volga,
valientes se hicieron a la mar.

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día
al puerto de Buenos Aires arribaron,
buscando en esta tierra la libertad.

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día,
fundaron una nueva localidad
en la vastedad de la pampa solitaria.

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día,
trabajaron esta bendita tierra,
sembrando sus sueños con el arado.

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día,
transformaron este campo desolado
en un inmenso mar de trigales.

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día,
juramentaron heredar en el tiempo
los valores culturales de su identidad.

Elevo esta plegaria en memoria
de nuestros ancestros que un día,
creyeron en un porvenir mejor,
ese que nosotros disfrutamos hoy.
                           (Autor: Julio César Melchior).

Requiem para mi padre que se ha ido

En esta mañana gris de otoño, sentado junto a la ventana, mientras tomo mate, rememoro a mi padre, que dedicó toda su existencia al trabajo, primero, para que no le faltara nada a sus padres, y después, para que su esposa y sus hijos pudieran tener una vida digna y acceso a la educación que él no pudo tener pero deseaba para sus descendientes. 
Lo recuerdo trabajando, siempre trabajando, en verano, con las gotas de sudor cayéndole de la frente, soportando el calor, y en invierno, temprano a la mañana, mientras la helada pintaba de blanco el campo y congelaba sus manos, sus pies y sus orejas, llenas de sabañones.
Lo pienso sentado junto a la cabecera de la mesa, presidiendo con su sabiduría los destinos de la familia, leyendo el periódico o los libros que me legó, cuando todavía era un niño y me hizo comprender que leer era mi futuro.
Lo veo hablando de su niñez, rememorando travesuras en una colonia más inocente y más ingenua, cuando hurtar una fruta en una huerta ajena era una falta grave, que se castigaba con una paliza o el sermón de un agente policial.
Lo siento cerca pese a que físicamente se marchó hace cinco meses a visitar a sus padres y a sus hermanos en el cielo. Sé que me protege como siempre lo hizo. Sé que va a cuidar de que nunca me falte nada. También sé que nunca lo voy a olvidar y que un día, de una tarde cualquiera, lo volveré a ver de nuevo. (Autor: Julio César Melchior).

martes, 19 de marzo de 2019

La ropa remendada y los sueños de don Pedro

Llevaba en el pantalón dos grandes parches de tela, uno en cada pierna. Dos remiendos casi tan largos como la prenda que vestía y que doña Elisa había cosido con suma paciencia y aplicación, aprovechando un retazo de tela de color muy semejante. Por lo que el pantalón era de un color indefinido a causa de los múltiples lavados al que había sido objeto y los parches se destacaban por su tono impoluto. 
Completaba su atuendo una camisa, también remendada aquí y allá, con algún parche de tela, recreando el mismo contraste entre colores avejentados por el uso y el color de la tela recién estrenada, como en el pantalón, y alpargatas agujereadas, en las que asomaban, curiosos, los dedos gordos del pie.
Era la vestimenta que don Pedro usaba para trabajar en el campo. Doña Elisa aprovechaba a lavarla los domingos, cuando su marido se cambiaba de ropa para asistir a misa. Durante esa jornada lucía un atuendo especialmente reservado para cumplir con los preceptos de adorar a Dios por la mañana, almorzar en familia durante el mediodía e ir de visita por las tardes, a visitar a sus suegros.
Don Pedro caminaba siguiendo la huella que el arado mancera, tirado por un caballo, abría en la tierra, en el potrero ubicado detrás de la vivienda, donde vivía junto con su esposa y sus nueve hijos. 
Iba pensativo. Reconcentrado. Pensando que ya habían transcurrido más de veinte años desde el día que llegaron al lugar y comenzaron a fabricar los adobes para levantar el humilde rancho en el que todavía vivían. Un rancho que iba a ser su vivienda temporaria y terminó siendo su hogar definitivo. El trabajo para roturar la tierra virgen había llevado más tiempo del esperado, las tres primeras cosechas resultaron un fracaso muy duro para sobrellevar y los hijos habían llegado demasiado rápido y en demasiada cantidad. 
También pensaba en sus padres y en sus hermanos, que permanecieron allá en el Volga, en la aldea, seguramente esperando una carta que nunca llegó, porque él no se atrevió a escribirles para contarles de su nostalgia, de su honda tristeza y de lo mal que lo pasó durante los primeros años. Incluso en la actualidad, siendo dueño de un pedazo de tierra, su situación no había cambiado demasiado. La última cosecha fracasó. La helada se la llevó. Y hacía meses que no llovía. La tierra, además de estar cada día más seca, se iba endureciendo como una piedra. Ya pronto sería inútil intentar arar. Sin arada no habría cosecha y sin cosecha, no habría futuro. Y don Pedro lo sabía.

¡Honor y gloria a nuestros abuelos!


Pantalón remendado. Alpargatas con agujeros. Sucio de tierra. El hombre va detrás del arado mancera. Es mi abuelo, tu abuelo, nuestro abuelo, el abuelo de todos los alemanes del Volga. Las manos llenas de callos. El rostro curtido. El cuerpo cansado. Pero la mirada es cristalina como el cielo azul en una tarde de verano. Sus ojos irradian esperanza. Transmiten sueños. Miran al futuro. Apuestan al progreso. Creen en el mañana. Tanto como él, que trabaja pensando en un mañana mejor, en ese mañana que, gracias a su sacrificio y entrega, sus descendientes hoy podemos disfrutar. Por eso: ¡Honor y gloria a nuestros abuelos! ¡Honor y gloria a nuestros ancestros!
Dedicado a todos los inmigrantes que arribaron al país a finales del siglo XIX buscando prosperidad personal y terminaron construyendo la Argentina moderna que habitamos.

Cinco libros que rescatan la historia de los alemanes del Volga


Saber de dónde venimos para saber quiénes somos. Conocer nuestras costumbres para entender el por qué somos como somos. Develar el misterio de la vida privada y social de nuestros abuelos y padres para definir nuestra identidad. Reconstruir nuestro pasado para proyectar el futuro sobre bases sólidas. Todas las respuestas en estos cinco libros: “La vida privada de la mujer alemana del Volga”, “Historia de los alemanes del Volga”, “La infancia de los alemanes del Volga”, “Lo que el tiempo se llevó de los alemanes del Volga”, “La gastronomía de los alemanes del Volga”. Los reciben en su domicilio en cualquier lugar del país. No se los pueden perder. Escribir a juliomelchior@hotmail.com.

Receta de Pirok

Preparación del relleno:
Cortar el repollo y la cebolla en juliana. En una olla colocar la materia grasa, calentar, agregar la cebolla y cuando tome color, agregar el repollo cortado, tapar y revolver cada tanto para que no se pegue. Cuando el repollo este casi a punto, agregar la carne y los condimentos, revolver bien para que la carne quede desmenuzada, cocinar unos 10 minutos.

Armado del Pirok:
Estirar la masa ya levada (al doble de su volumen) hasta un espesor de 3 a 4 mm, cortar en cuadrados de 10 cm de lado En cada cuadrado colocar una cucharada bien generosa de relleno, unir en la parte superior los cuatro vértices de la masa y cerrar apretando con los dedos las cuatro aberturas que así se forman y colocar cada pirok con las costuras hacia abajo en una asadera en mantecada o engrasada y dejar levar los pirok aproximadamente 25 a 30 minutos.
Precalentar el horno a muy caliente y cocinar cada asadera hasta que la masa quede doradita (10 a 15 minutos de acuerdo al horno).

Ingredientes
Carne Picada: 500 Grms.
Repollo: 1 ½ KG.
Grasa de Cerdo o Manteca: 2 Cucharadas.
Sal: 2 Cucharadas.
Pimienta: a Gusto.
Cebolla: 250 Gr. 
Masa de Pan Con Harina: 1 Kg.

Todas las recetas publicadas están en el libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, del escritor Julio César Melchior, que se puede adquirir escribiendo a juliomelchior@hotmail.com.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Se agotó la tercera edición del libro “La vida privada de la mujer alemana del Volga” del escritor Julio Cesar Melchior


El autor consideró que “el que haya leído el libro se da cuenta que es sorprendente lo que han contado. Que hayan tenido la plena confianza de contar cosas muy personales, en otros momentos cosas muy íntimas, refiriéndose a temas sexuales, religiosos. No hay ningún tema que se haya abordado en el libro, ninguna de las mujeres se negó a tratar esos temas. Al contrario, todas las mujeres lo sintieron como una reivindicación”.

Muy contento, feliz en realidad por la repercusión que siguen teniendo sus libros. Así se encuentra Julio César Melchior, el escritor de pueblo Santa María. Se agotó la tercera edición de su libro “La vida privada…”, y proyecta, para más o menos mitad de este año, una nueva reedición. 
También hay otros dos libros que están a punto de agotarse, el que se refiere a la infancia, y el libro de Historia de los Alemanes del Volga. El escritor, agradece la gran repercusión que ha tenido el stand de sus libros y publicaciones, el fin de semana pasado, en la Strudel Fest.
“El año empezó muy bien, literariamente hablando, porque se agotó la tercera edición del libro de la vida privada de la mujer alemana del Volga, y también hay muy buenos pronósticos para que se agoten otras ediciones de otros dos libros, el de la infancia, y el que está ahí, que quedan muy pocos ejemplares, es La Historia de los alemanes del Volga”, expresó en el principio de la entrevista.
Además, de la posibilidad de reediciones de estos tres libros, anticipó que hay otros proyectos que tiene en gestación: “siempre hay otros proyectos dando vuelta, veremos cómo se presenta el año. No es un año sencillo económicamente hablando. Uno de los proyectos, quizás para fin de año, está relacionado con los alemanes del Volga, quizá sea para fin de año. Otro, por ahí, que está listo, es uno sobre poesía. Voy a volver a mis orígenes, que fue el primer libro que publiqué. Si todo marcha bien, en dos o tres meses este libro verá la luz”-.
Julio César cuenta que “en el último tiempo abrí una página especial en Instagram, dedicada a la poesía. Sentía necesidad de volver a escribirla y quería separar bien las cosas en lo que es mi trabajo literario con respecto a la investigación de los alemanes del Volga, y por el otro lado, mi faceta con la poesía”. Mucha repercusión tiene también en este espacio: “me sorprendió mucho la gente que me sigue. También que hay lectores de poesía de todas las edades. Mucha gente que cree que es de otra época y la verdad es que me siguen lectores de todas las edades.
He tenido muy buena repercusión, por lo que, a raíz de eso, es que me decidí a publicar un libro. Es más, mi hermana que atendió el stand que teníamos en la Strudel Fest, me contaba que muchos preguntaban que buscaban el libro de poesía”. 
Agradeció, a todos los que pasaron por el stand y compraron sus libros.
En cuanto a una nueva edición de La Vida Privada, dijo que “estamos trabajando en eso, para que haya una próxima. Si bien está muy difícil la situación económica, no obstante, estamos trabajando para una cuarta edición y yo supongo que en unos meses habrá una nueva. Supongo que primero saldrá el libro de poesía y un poco más adelante, saldrá la 4ta edición de este libro”.
“La vida privada…”, dice su escritor, “tiene, tuvo y seguirá teniendo muy buena repercusión”. 
Este libro fue el puntapié para que Julio César Melchior diera conferencias en universidades, en ámbitos académicos y frente a profesionales de diferentes áreas, desde historia, psicología, sociología, filosofía y otras. 
“A partir de ahí, es como que el libro tuvo un auge y una repercusión muy grande. Creo que se debe a dos factores, que se pueden resumir en uno. Primero que es el único libro que trata el tema dentro del contexto que es los alemanes del Volga. Es el único libro con esa temática y lo trata de manera objetiva, descarnada y real, sin suavizar nada. Y segundo, también interesa mucho, porque se puede hacer un paralelismo con otro tipo de culturas. Tomando la vida de la mujer alemana del Volga, se la puede transpolar a cualquier otra cultura, y en el fondo, el contexto social, económico, cultural, y hasta no hace muchos años, era donde tenían que desarrollar su vida. Si bien hay ciertas diferencias culturales, en el fondo, se puede hacer un paralelismo con otro tipo de culturas. Eso hace que el libro tenga mucha repercusión fuera de los alemanes del Volga”.
Además, la cuestión muy valiosa es que el libro es resultado de una investigación, de las entrevistas a la mujer alemana, algunas que llevaron varias horas, creando un vínculo de confianza, entre el investigador y la entrevistada. 
Julio cuenta que “El que haya leído el libro, se da cuenta que es sorprendente lo que han contado. Que hayan tenido la plena confianza de contar cosas muy personales, en otros momentos cosas muy íntimas, refiriéndose a temas sexuales, religiosos. No hay ningún tema que se haya abordado en el libro, ninguna de las mujeres se negó a tratar esos temas. Al contrario, todas las mujeres lo sintieron como una reivindicación. Lo que puedo ver a la distancia, es que tuve la objetividad de ver el tema desde afuera, no involucrarme en el momento de escribirlo. Pude ver las historias de las mujeres de manera objetivo, sin involucrarme emocionalmente para presentarlas como heroínas. 
Presenté crudamente la realidad, todo lo que tuvieron que pasar, todo lo que vivieron. Si bien fueron heroínas, trato en el libro de reflejar la cruda realidad que tuvieron que soportar”.
Quien quiera conseguir ahora un ejemplar de “La vida privada…”, no hay más. Se agotó la tercera edición. Habrá que esperar por la cuarta edición, que ojalá salga a la luz, hacia mitad de este año.

Imponente suceso alcanzó la IV edición de la Strudelfest en pueblo Santa María

 Fue un magnífico corolario de un intenso año de actividades llevadas a cabo por las instituciones, autoridades y toda la comunidad, y nuevamente quedó de manifiesto lo que es capaz de lograr la unión de un pueblo, el trabajo de su gente, el esfuerzo, la voluntad y el coraje para enfrentar y vencer grandes desafíos. Pueblo Santa María volvió a demostrar que trabajando todos unidos se pueden lograr grandes cosas. Felicitaciones a todos los que hicieron posible esta gran y exitosa fiesta popular, donde todos y cada uno de los eventos se desarrollaron de manera gratuita. 
Hilando Recuerdos estuvo presente con su propio stand difundiendo la cultura de los alemanes del Volga mediante los libros publicados por el escritor Julio César Melchior. Muchas gracias a la gran cantidad de personas que pasaron por el stand y adquirieron las obras literarias.

Típica relación de madre e hija en una colonia alemana del Volga


Un sábado a la tarde, doña Ester y su hija terminaron de bañar a los cinco niños, después de que se bañaron los hombre de la casa, el marido de doña Elvira y sus tres hijos mayores, que ya trabajaban en el campo y que, ni bien terminaron de vestirse, enfilaron hacia la calle, uno a visitar a su novia y los otros dos, rumbo al bar a beber el clásico vermut con los amigos y a jugar a los naipes.
El marido, don Fermín, se dirigió a la cocina, encendió la radio para escuchar el noticioso mientras, relajado, tras una larga semana de trabajo, tomó unos mates en silencio. Doña Ester y su hija, que se llamaba Mercedes, empezaron a recorrer las habitaciones recogiendo ropa sucia. Al pasar por la cocina con los bultos, don Fermín les convidaba un mate, alardeando de su sapiencia como cebador. Doña Ester lo miró fijo pero no dijo nada. Para qué? Nada cambiaría. La vida era así y seguiría siendo así por toda la eternidad.
Ya en la patio, se dispusieron a lavar en enormes fuentones de chapa. Soplaba una brisa fresca.
Mercedes había cumplido dieciséis años y si bien ella no lo advertía, sus padres ya la habían reservado como garantía de su vejez. Le dejarían en herencia la casa como premio al sacrificio. Ella no tendría derecho a tener novio, tampoco a casarse, ni a tener hijos. Apenas sí el permiso de tener una o dos amigas que, andando el tiempo, formarían sus propios hogares y la dejarían sola en su vejez. (Autor: Julio César Melchior)

martes, 26 de febrero de 2019

Travesuras infantiles a la hora de la siesta en las colonias de antaño

El niño estaba tirado entre los pajonales, apretado contra el suelo, conteniendo la
respiración, mientras espiaba como don Fermín salía de la casa, a una hora inusual, para caminar hasta el fondo del patio e ingresar al baño. 
Allí permaneció durante un tiempo que al niño le pareció interminable, hasta que, por fin, salió y desanduvo el camino rumbo a la casa. El deseo de ir al baño era el único motivo por el cual el anciano podía interrumpir su siesta y dejar la cama en pleno verano para andar bajo los rayos del sol a las dos de la tarde.
Cuando el niño estuvo seguro de que don Fermín ya no volvería por un buen rato, se arrastró hasta el borde de la quinta, cerca de las plantas de tomates, miró hacia la casa, por las dudas, y, cautelosamente, se puso de pié.
Sus ojos brillaron, destilando codicia, al ver tan cerca de sus manos los rojos y sabrosos tomates, que brillaban al sol, instándolo a que los corte y les eche un buen mordiscón. Pero se contuvo. En lugar de eso, pensó en su hermanito, se sacó la gorra y comenzó a llenarla hasta más no poder.
Terminada la faena y justo cuando iba a darle un mordisco al más grande y hermoso tomate que había visto en su corta vida, un grito lo paralizó. Don Fermín venía corriendo hacia él, lanzando maldiciones y agitando una escoba, furioso.
El niño, asustado y desorientado, salió corriendo hacia los pajonales, no sin tropezar con la regadera, que estaba parada junto a las plantas. Con tan mala suerte que cayó sobre la gorra. Como pudo, se levantó dolorido, agarró la gorra que chorreaba un espeso líquido rojo, y escapó despavorido, seguido por don Fermín, a los gritos. (Autor: Julio César Melchior).

miércoles, 20 de febrero de 2019

Se viene con todo la cuarta edición de la Strudel Fest en Pueblo Santa María

1, 2 y 3 de marzo, con muchas novedades, muchos shows, gastronomía típica, música, cultura y un Strudel gigante de 50 metros de largo. Todo totalmente gratuito.

Organizado por instituciones locales –con el acompañamiento de la Municipalidad de Coronel Suárez- se llevará a cabo el multitudinario evento, el viernes 1, sábado 2 y domingo 3 de marzo, en Pueblo Santa María, -ubicado en el Partido de Coronel Suárez, en el sudoeste de la Provincia de Buenos Aires- que contará con una enorme variedad de espectáculos gratuitos para los vecinos de la comunidad y lugares aledaños que se acerquen a disfrutar del evento.
Se desarrollará el concurso denominado “el mejor Strudel de Santa María” y se elaborará un Strudel gigante en vivo. Se anuncia torneo de Kosser, paseo de artesanos, música y baile tradicional, gastronomía alemana, stand de diferentes productos, exposiciones y mucho más.
Durante toda la jornada los vecinos que se acerquen disfrutarán de paseo de artesanos, patios de comidas, inflables para niños, venta de gastronomía alemana, música típica y danzas alemanas.
Desde la Municipalidad se invita a participar para juntos mantener vivas las tradiciones y costumbres de nuestros ancestros, los alemanes del Volga.
La celebración central se desarrollará el domingo 3 de marzo - a partir de las 9:00- cuando se lleve a cabo la apertura del predio y comience la realización del Strudel gigante entre todas las instituciones e integrantes de la comunidad.
A continuación, se adosan los cronogramas con las actividades, direcciones de correo electrónico y teléfonos para comunicarse con los organizadores.
Viernes 1 de marzo:
Muestra Fotográfica a cargo de Juan José Detzel en el Centro Cultural.
18:30: Circuito histórico - arquitectónico. Punto de encuentro: Plaza Andenkenplatz (Av. Alemanes del Volga y Santa Cruz) 
20:00: Se presenta a la comunidad la restauración e iluminación de la Arcada de ingreso realizada por la Delegación Municipal y la Asociación de Turismo Comunitario.
21:30: Punto de Encuentro: cervezas, picadas y chorizo a la pomarola. Presentación oficial del grupo de baile Alles Froh, taller de Tango "Inspiración" de Coronel Suárez, taller de Música del Centro Cultural a cargo del profesor Raúl Benítez, y un evento organizado por la Asociación de Turismo Comunitario Santa María. 
Sábado 2 de marzo:
Muestra Fotográfica a cargo de Juan José Detzel en el Centro Cultural.
14.00: Torneo de Kosser (juego típico de los descendientes alemanes del Volga) organiza subcomisión de Kosser del Club "El Progreso".
17.00: Paseo de artesanos y exposiciones.
17:30: Circuito histórico - arquitectónico. Punto de encuentro: Plaza Andenkenplatz (Av. Alemanes del Volga y Santa Cruz) 18:30 hs. 2° Concurso Gastronómico "El Mejor Strudel de Santa María 2019" Dos categorías: niños y adultos.
19:30: Inicio Shows musicales, sobre el escenario central, servicio de cantina a cargo de las instituciones de Santa María. Se presentarán los siguientes artistas: Agustina Roth y Pía Bermejo, Mara Miranda, Raúl Benítez, Don Misterio, Sobra un Griego, Polka Rock, Orquesta de Santa Fe: Lustiger Takt Orchester.
Domingo 3 de marzo:
9:00: Muestra Fotográfica a cargo de Juan José Detzel en el Centro Cultural.
Apertura de predio. Inicio de la elaboración del STRUDEL GIGANTE 50 metros, entre todas las instituciones, miembros de la comunidad. Junto con un desfile de música por la Orquesta de Santa Fe: Lustiger Takt Orchester. Elaboración en vivo de Strudel apto para celíacos a cargo del grupo celíacos Coronel Suárez. Paseo de artesanos. Feria Local "Unser Saich": artesanías y gastronomía alemana.
11:30: Inauguración Oficial: Presencia de la Banda Municipal de Música "Bartolomé Meier". Palabras de bienvenida a cargo de las autoridades.
Presentación del Strudel Gigante, listo para llevar al horno.
12:00: Lugares para almorzar con gastronomía alemana: Patios de Comidas: Stand de las diferentes Instituciones organizadoras, sobre el predio principal de la fiesta. Precios accesibles. Almuerzo popular en el Polideportivo Club Social, Deportivo y Cultural "El Progreso".
14:30: Visita guiada al "Museo Parque La Palmera". Punto de encuentro Plaza: Andenkenplatz (Av. Alemanes del Volga y Santa Cruz).
17:00: Presentación y degustación Strudel gigante.
21:00: Elección Embajadora de la Strudel Fest. Durante toda la tarde: Inflables para los niños. Paseo de artesanos y exposiciones. Venta de gastronomía alemana.
Sobre la Avenida 11 de Mayo música típica alemana, y danzas a cargo de: - Ballet "De la Dulce Vida" de la Ciudad de Azul. Grupo de danza "Alles Froh", de Pueblo Santa María. Grupo de danza "Cross mother-cross father", Consejo de Adultos Mayores de Santa María. -Presentaciones de los Acordeonistas Gonzalo Berger, Dario Schwerdt y Franco Schwerdt. Los Alegres del Volga con Raúl Minig, Tito Limardo y Francisco Peralta.
Willy Weimer Polkarock. Orquesta de Santa Fe: Lustiger Takt Orchester. Morse y la Repentina.
Cierre de la noche con la presentación del Grupo Revelación.
En su cuarta edición, la Strudel Fest buscará a su ‘embajadora’.
Para mayor información comunicarse a: StrudelFest_SantaMaria@outlook.com, o bien, dirigirse al Centro Cultural "Héctor Maier Schwerdt", o comunicarse al Tel: 2926- 494196.
También se encuentra abierta la inscripción para el concurso gastronómico de la 4º edición de la Strudel Fest.
En el marco de la cuarta edición de la Strudel Fest del Pueblo de Santa María - que será en marzo de este año -se informa a todos los interesados que se encuentra abierta la inscripción para participar del segundo concurso denominado "El Mejor Strudel de Santa María 2019".
El evento se desarrollará el 2 de Marzo, será con cupos limitados –con un valor de $100-, y habrá grandes premios para quienes demuestren sus habilidades gastronómicas en realizar la tradicional y deliciosa comida alemana.
Habrá premio en categoría niños que serán un viaje para dos personas a Temaiken, y el premio en Categoría de adultos que será un viaje a Merlo -San Luis- con la agencia ElectroTurismo.
Para más información escribir al siguiente correo: StrudelFest_SantaMaria@outlook.com.

martes, 19 de febrero de 2019

Recuerdos de cuando el baño estaba en el fondo del patio y llovía durante días enteros

Llovía a cantaros. El patio era un fangal de charcos distribuidos aquí y allá. La noche llegaba más temprano que nunca. El sol había estado oculto durante todo el día, detrás de oscuros nubarrones.
La casa de adobe soportaba estoica, empapada su techo de paja vizcachera, chorreando agua por las cuatro paredes rectangulares. Las aberturas, puerta y ventanas, colgaban desvencijadas a merced de la impiedad del temporal. 
Dentro, una familia compuesta de una pareja, tres hijos y un tío solterón, de vez en cuando miraban por los vidrios de los ventanucos, oteando el horizonte, implorando que la lluvia amainara, mientras observaban con deseo incontenible, la letrina, que se erigía en el fondo del patio.
Los niños, porque son niños, y no conocen todavía el pudor y la vergüenza de los mayores, tenían la dispensa de los padres para sentarse en cuclillas en el centro de la puerta y realizar sus necesidades urinarias sin salir al patio.
Los mayores, sin embargos, sufrían. No solamente vergüenza y pudor, lo que les impedía copiar a los niños, sino también porque ya les resultaba humanamente imposible resistir más, sin vaciar la vejiga u otro espacio lleno de tanta comida ingerida durante la larga jornada de lluvia.
A la medianoche, habiéndose acostado todos a dormir, el tío, fastidiado de tanto apretar las piernas y contener la respirar, gruñendo una queja y lanzando un insulto, se levantó precipitadamente, salió corriendo de la habitación, a oscuras cruzó la cocina, tropezando con una silla y tirando una cacerola que colgaba de la pared, abrió la puerta, para enfilar corriendo rumbo a la letrina.
La lluvia, los charcos, el barro y el intenso viento, más la veloz corrida, lo zarandeaban como si fuera un equilibrista tratando de no precipitarse en una caída humillante. Una caída que resultó inevitable. Cayó despatarrado en un charco de agua. Se hundió en el fango mientras sentía un vergonzoso alivio en su vejiga y en su vientre. (Autor: Julio César Melchior)

lunes, 4 de febrero de 2019

Un domingo en familia en la colonia

Sobre la cocina a leña varias ollas exhalan vapores y aromas disímiles. El fuego, su interior, crepita. Abuela abre la puerta del horno, observa la fuente en la que descansa un lechón rodeado de papas, da unos pinchazos aquí y allá con el tenedor, para finalmente decidir que todavía le falta un poco. Luego toma una cuchara de madera y revuelve el contenido de una cacerola. Se nota a primera vista que sabe lo que hace. No necesita ninguna receta escrita. Todo lo lleva grabado en su memoria. Tampoco necesita balanza para pesar los ingredientes, sus manos y sus cálculos siempre resultan perfectos.
Es domingo, día de reunión familiar. Primero asistir a misa, a las diez de la mañana, en la iglesia de la colonia, después todos a almorzar a casa de abuela. Los hijos, nueras, nietos. Un universo de personas que se sentarán en torno de la larga mesa familiar, con abuelo presidiendo la cabecera. Hablarán todos a la vez. Habrá recuerdos. Anécdotas. Risas. Alguna lágrima. Y después, si abuelo si tiene ganas y el cuerpo le da, aparecerá el acordeón y surgirán las canciones alemanas.
Abuela vuelve a revolver el contenido de la olla con la cuchara de madera.  La coloca sobre la mesa y se acerca a la ventana para observar si ve gente en la calle, retornando de la iglesia. No ve a nadie. Eso le da tiempo para salir al patio, tomar la palangana e ir a la bomba a llenarla de agua, para lavar unas prendas y colgarlas en el tendal, allá en el fondo, cerca de la quinta, donde florecen las verduras y los frutales.
Al volver, ingresa al galponcito de chapa y sale con el brazo cargado de astillas de eucalipto, para alimentar el fuego de la cocina a leña.
Alguien pasa por la calle y la saluda. Ella responde con una sonrisa.
-Terminó la misa -piensa. Ahora vendrán mis hijos.
Y así es. Llegan los hijos y las nueras, pero también abuelo y los nietos, que ingresan corriendo al patio a abrazarla y llenarla de besos. (Autor: Julio César Melchior).
Todas las recetas de nuestras abuelas están en mi libro “La gastronomía de los alemanes del Volga”, que se puede adquirir desde cualquier localidad del país. 

sábado, 26 de enero de 2019

IV Strudelfest: fiesta tradicional de los alemanes del Volga, con entrada libre y gratuita a todos los eventos

Se llevará a cabo los días 1, 2 y 3 de marzo en Pueblo Santa María, Partido de Coronel Suárez, Provincia de Buenos Aires. Se realizará un Strudel gigante y se organizan una gran variedad de eventos tradicionales. 

viernes, 18 de enero de 2019

La casa de adobe

La vivienda era precaria, estaba construida con adobes, revocada con barro, pintada a la cal, y con piso de tierra. Tenía solamente dos dependencias, una que cumplía las veces de cocina y otra, de habitación. La única puerta que daba al patio, lo mismo que la que daba al dormitorio, al igual que las dos ventanas, una para la cocina y otra para la pieza, estaban pintadas de verde.
El único lujo, y a la vez, el único confort, que sus moradores poseían, era una cocina a leña, en la que se cocinaban y horneaban todos los platos que ponían sobre la mesa, y con la que calentaban toda la casa en invierno.
También tenían una mesa larga de madera, varias sillas, un enclenque mueble para los enseres domésticos, una cama matrimonial y otra de una plaza y dos colchones, que yacían tirados en el piso.
En la vivienda vivían don Alfredo, su esposa y seis hijos. El mayor tenía trece y el menor dos años. Ninguno asistía a la escuela. Todos debían aportar, con su trabajo, en la manutención del hogar. De nada sirvió que la monja superiora tratara de convencer al hombre de que sus hijos merecían una educación. “Y quién me ayuda en el campo? Usted?” -fue la respuesta. “Somos muchos en la y todos quieren comer”.
La vivienda había sido levantada a unos cien metros del pueblo. Cerca de un arroyito. Los niños, en verano, junto a la madre, cultivaban una quinta, como para alimentar a toda la colonia. Cosa que intentaban, porque todos los días, bien temprano a la mañana, madre e hijos, recorrían el pueblo vendiendo verduras y hortalizas.
Tenían una vida sacrificada. Dura. Llena de privaciones. Que, con los años, se profundizó, porque fueron naciendo varios niños más. La pobreza no parecía un límite para concebir más niños. Más bien, parecía todo lo contrario. 
Tampoco el poco espacio que había en la casa era un límite para traer más hijos al mundo. En vez de ampliarla, cosa difícil, ante una situación de humildad tan extrema, se solucionaba el inconveniente desparramando colchones en la cocina durante las noches, que generalmente eran compartidos por más de dos niños.
Todos crecieron sanos y de uno en uno fueron abandonando la casa para luego casarse. 
Finalmente don Alfredo y su esposa quedaron solos, en la casa de adobe, junto al arroyito. 
Primero murió don Alfredo, a los 83 años, y unos meses después, lo siguió su esposa.
La vivienda, de adobe, pintada a la cal, con puertas y ventanas verdes, quedó sola, a merced del tiempo. 
Un día, transcurridos muchos años de soledad y olvido, un viento fuerte se llevó el techo.
Y la casa empezó a morir. (Julio César Melchior).

sábado, 5 de enero de 2019

Se cumple un nuevo aniversario de la fundación de Colonia Hinojo, la colonia madre de los alemanes del Volga


Un 5 de enero pero de 1878 se fundaba Colonia Hinojo, en el partido de Olavarría, provincia de Buenos Aires, el primer asentamiento alemán del Volga en la República Argentina. Los fundadores habían nacido en la aldea Kamenka. Traían consigo su lengua, su arquitectura, sus costumbres, sus tradiciones y su idiosincrasia. Un legado cultural que conservan con orgullo sus descendientes. La colonia madre fue fundada, entre otros, por Andrés Fischer, Jorge Fischer, José Kissler, Miguel Kissler, Andrés Kissler, Pedro Pollak, José Simon, Juan Schamber, Jacobo Schwindt y Leonardo Schwindt, acompañados por sus esposas e hijos.


Todavía se conservan algu­nos testimonios de esas primeras épocas, como por ejemplo un breve manuscrito que el Schulmeister José Gottfried encontró en la iglesia local. Se lee allí que: "Duros fueron los primeros tiempos, nos decían nuestros abuelos (...) primero el idioma (...) los pajonales (sic), no se divisaba más que unos metros y el poco tiempo transcurrido de la con­quista de (sic) desierto siempre quedaban algu­nos indios los hombres (que) tenían que (ir) a sus chacras a trabajar (ilegible. Quizá: "les temían").
Con mejor sintaxis pero con datos parecidos, informa a su vez esta otra reseña: “Llegaron hasta un lugar llamado San Jacinto. Lo único que respondía a ese nombre eran los pa­jonales, donde los patriarcas permanecieron unos dos años, debiendo organizar continuamente guar­dias, armados con implementos antediluvianos pa­ra defenderse de los malones indios."
De cualquier forma, los rastros de esta primera fundación prácticamente se han perdido.
“A raíz de algunos conflictos sus­citados con otro grupo de colonos, en este caso franceses esta­blecidos en la zona acogida por la misma ley de colonización, los alemanes solicitaron y obtuvieron el permiso para trasladar­se a un kilómetro de distancia”, escribe Olga Weyne.
Acordado este permiso, desmontaron todas las viviendas para trasladarlas al nuevo destino, al cual llegaron pocos días después nuevos emigrantes del Volga en cantidad bastante apreciable.
Así quedó fijado el lugar definitivo de co­lonia Hinojo.
Como las familias estaban formadas por personas todavía jóvenes y los hijos eran nume­rosos, tanto los hombres como las mujeres, al principio, tuvieron que realizar tareas sumamen­te agobiadoras, no sólo en la casa sino también en el campo. Uno de los más jóvenes principian­tes, el primer año, contra viento y marea pudo sembrar de cuatro a cinco hectáreas; el segundo año anduvo mejor y llegó a las 14 hectáreas.
Después de fundarse la colonia de Hinojo, se desplazó otra corriente inmigratoria desde el Volga y unas veinte familias fundaron la colo­nia Nievas, llamada también Holtzen. El cielo los favoreció y, obteniendo buenas cosechas en los años siguientes, pudieron acomodarse bien. La producción abundante de la hacienda sumó nue­vos ingresos, que fortalecieron la economía que ya tomaba bases sólidas.
Estas circunstancias es­timularotn su progreso y dos años más tarde se fundó colonia San Miguel.
Los colonos orientaron sus ac­tividades hacia las dos ramas fundamentales del campo: agricultura y ganadería. Las chacras de las tres colonias contaban con pasto muy bueno para la hacienda. Ese fue un factor de peso pa­ra que algunos se consagraran con preferencia a lo último, por lo cual podía observarse chacras que contaban hasta con mil y dos mil cabezas de animales, entre vacunos, lanares y equinos (Autor: Julio César Melchior).

domingo, 30 de diciembre de 2018

Frohes neues Jahr!

Quién se acuerda de esta tradición de Año Nuevo: Wünsche gehen?

“Cuando éramos niños, el día de Año Nuevo era para nosotros una jornada de fiesta” -recuerdan los más ancianos de la colonia. “Salíamos a visitar a toda la parentela vor wünsche (para desear feliz Año Nuevo). Entrábamos en todas las casas para desear un feliz comienzo de año a todos los integrantes de cada familia, y ellos, a cambio, nos obsequiaban masitas caseras, unas golosinas, escasas en aquel tiempo, y un poco de dinero, cuando había. Para los niños humildes de la colonia era, quizás, la única fecha del año en que recibían una golosina. Por eso no dejábamos de visitar ningún pariente ni amigo. Con cada regalo armábamos un paquetito que llamábamos Pindle: poníamos las golosinas en el centro de un pañuelo y uníamos sus cuatro puntas mediante un nudo”.

Así comenzaban Año Nuevo los niños de la colonia

El primer día del año los niños se levantaban bien temprano a la mañana, casi con el amanecer, para saludar a sus padres deseándoles feliz año nuevo, recitando un poema varias veces centenario y de autor desconocido, que dice así: Vater und Mutter ich wünsche euch glückseeliges neusjahr, langes leben und Gesundkeit; frieden und einigkeit und nach eren Tod die ewige klückseeligkeit”. “Das wüsnsche mir dir auch”, respondían mamá y papá mientras les obsequiaban algún presente.
Cumplido este ritual, los pequeños salían a visitar a parientes y amigos para también desearles la felicidad en el año nuevo que comenzaba. Pero esta ocasión el poema era otro: glück und segen / auf allen Wegen! / Frieden im Haus / jahrein, jahraus! / In gesunden und kranken Tagen / kraft genung, Freud und Leid tragen! / Stets im Kasten ein stücklein Brot, / das geb’ uns gott!
Al finalizar la jornada todos los niños de la colonia, sobre todo los más humildes, se sentían dichosos con la enorme cantidad de regalos que lograban reunir tras una larga jornada de “trabajo”, visitando tíos, abuelos y demás parientes (Julio César Melchior).

domingo, 23 de diciembre de 2018

El Pelznickel y el Christkindie, dos personajes tradicionales de la Navidad de los alemanes del Volga


El Pelznickel, de barba enmarañada, arrastrando su larga y gruesa cadena, ataviado de prendas oscuras y gastado sobretodo negro, viene vociferando sonidos guturales, cual monstruo prehistórico escapado del fondo de los tiempos para castigar a los niños díscolos. En la mano un Rutschie, una rama fina y delgada, para descargar sobre los dedos de los infantes que, una vez sorprendidos en su falta, no saben rezar o, a causa del pánico, se olvidan del Padrenuestro, confundiéndolo con el Avemaría. 
Un solo eco de su voz a lo lejos, provoca que los niños huyan despavoridos a esconderse debajo de la mesa y de la cama o detrás de la falda de la madre. Imposible huir de este personaje que conoce las faltas y las travesuras cometidos por todos los niños de la colonia a lo largo del año.
Pero como todo tiene su recompensa, una vez que el Pelznickel hubo partido de la casa, dejando a los niños inmersos en un mar de lágrimas, llega el Christkindie, el niño Dios, personificado en una niña vestida de blanco inmaculado, para calmar el llanto, mitigar el sufrimiento y brindar consuelo a las almas de los pobres niños de la colonia.
Toda ella es dulzura y santidad y lleva colgado en uno de sus brazos, una canastilla llena de galletitas caseras, frutas y alguna que otra humilde golosina que, para los niños colonienses, es el manjar supremo, una delicia que saborean solamente en estas ocasiones o en Pascua, cuando llega el conejito. (Autor: Julio César Melchior).

La historia del Pelznickel y la pequeña Elisa

El Pelznickel la miró a los ojos, hasta el fondo de su alma. Parecía poder atisbar en los rincones más recónditos de su interior, allí dónde ocultaba las travesuras que sus padres no debían saber jamás, como la tarde que dejó escapar las ovejas, arruinando la quinta y la cosecha de verduras para el invierno, ocasión en que el culpable terminó siendo el pobre perro que, dicho sea de paso, recibió una furibunda paliza por el delito que no cometió. Elisa, de nueve años, cerró los ojos. Temblaba. Apenas respiraba. A su lado, su hermano la observaba de reojo, consciente de que él sería próximo.
El Pelznickel gruñó unas palabras para demostrar que estaba muy enojado con la niña. Le ordenó que abriera los ojos y se arrodillara frente a él. A continuación le preguntó si se había portado bien durante el año. Sí -mintió Elisa. Lo que aumentó la furia del Pelznickel, un viejo barbudo, de pelambre enmarañada, calzado en botas de lluvia y un vetusto sobretodo negro, de invierno. Lo grupo que le provocaba un mar de sudor. A quién se le ocurría vestirse con ropas de invierno para aparecerse a los niños durante la Nochebuena.
El Pelznickel le revisó las manos y las uñas y la obligó a rezar, primero el Padrenuestro, después el Avemaría, después el Credo… Elisa tartamudeó, tropezó con las palabras, se confundió, empezó a sentir como sus manos comenzaban a temblar y a sudar. Hasta que no soportó más y estalló en llanto. Un llanto desgarrador. Pero no se movió ni nadie la rescató. Los demás niños miraban absortos, porque sabían que después les tocaría a ellos, y los padres y tíos observaban cómplices, conocedores de la rutina que se estaba desarrollando desde tiempos inmemoriales.
El Pelznickel repitió el espectáculo con todos los niños de la casa. Todos, los seis, a su turno, lloraron. Poco o mucho, pero lloraron. Las mujeres y los varones. Nadie quedó indemne de un castigo. Para la mayoría solo consistió en rezar. Para el más díscolo, sin embargo, la pena fue, además de orar, recibir unos golpes sobre las palmas de las manos, con un Rutschie.
Concluida la labor, el Pelznickel se marchó como había llegado: lanzando estertóreos gritos guturales y agitando la pesada cadena que, año a año, traía consigo para anunciar su terrorífica arribo. (Autor: Julio César Melchior).

Rumbo a América

Arrastró los tres grandes baúles a lo largo del puerto y con la ayuda de su esposa y de su hijo mayor, los subió al barco, y con el resto de energía física que le quedaba, los acomodó en el fondo de la bodega, junto a otros bultos, de formas variables y contenidos dispares.
Sus cuerpos estaban profundamente cansados pero interiormente se sentían satisfechos. La primera etapa del largo viaje se había desarrollado sin mayores contratiempos. Los hubo, es cierto. Lo mismo que también era cierto que hubo que enfrentar momentos de mucha angustia. Pero la meta estaba lograda. La aldea quedaba atrás. Cada vez más lejos. Rusia ya no los quería. En realidad, nunca los quiso. “Nos usó mientras fuimos útiles y ahora nos expulsa” -pensó Joseph. 
Allá lejos, en la aldea, allá, en la lejana Rusia, quedaban la pobreza, el hambre y el sufrimiento; pero también permanecían seres amados, padres, tíos, primos, abuelos, que no quisieron, no se atrevieron o no pudieron escapar del dolor. 
Por eso, en el barco, se mezclaban la alegría y la tristeza. La esperanza y la angustia. Los pasajeros que emigraban eran conscientes que casi con seguridad jamás iban a volver a reencontrarse con los familiares que quedan atrás. Rusia estaba inmersa en un caos social, político y económico que terminaría consumiendo muchas vidas y muchas aldeas habitadas por descendientes de alemanes.
El barco se fue alejando. Cada pasajero se recluyó en su espacio. Algunos en sitios muy diminutos, dado la cantidad de pasajeros que el capitán había permitido ascender en aras de ganarse un dinero extra.
El viaje iba a ser largo. Casi un mes. La comida empezaría a escasear y a ser racionada rigurosamente. La mayoría pasaría hambre. Todos terminarían infectados de piojos y con el cuerpo lleno de ronchas de tanto rascarse. La falta de agua dulce, completaría el panorama. 
Así y todo, arribaron al puerto de Buenos Aires con el alma henchida de esperanza y la idea fija de forjar un futuro mejor para sí mismos y sus descendientes.
Y transcurridos más de cien años de aquella emigración y de aquel viaje, podemos escribir con total seguridad de que lograron cumplir su meta. (Julio César Melchior).