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sábado, 6 de julio de 2013

“Si alguien te besa en la mejilla quedás embarazada”

Anna no sabía nada de sexo. No sabía nada de nada. Sus amigas le contaron en secreto que si un hombre “te besa en la mejilla quedás embarazada”. Sus padres le explicaron que “los bebés nacen de un repollo, en la quinta”. Sus abuelos le comentaron incómodos que “los niños los trae el  arroyo”. Su hermano mayor, sin embargo, fue más explicito: “vas a ver qué lindo es hacer un bebé”. Y lo dijo con cara de pícara que la desorientó. ¿Qué significaba eso de “hacer un bebé”? ¿Hacerlo con quién? –pensó intrigada Anna. Una tía viuda le reveló el misterio: “el día que te cases vas a saber lo que es hacer un hijo con un hombre”. También le confesó que “es la cosa más desagradable que te puede pasar en la vida. Solamente se siente dolor. Es un asco. Es un pecado. Los hombres no piensan en otra cosa. Son asquerosos. Brutos. Las mujeres nos tenemos que pasar la vida complaciendo sus deseos repugnantes”.
Anna tenía veintidós años. Sus padres arreglaron que se casara con un peón que trabajaba en la misma estancia. Un hombre que solamente conocía de vista. Jamás había hablado con él. No sentía nada por ese muchacho. Anna tampoco sabía que había que sentir algo para casarse. No sabía que existía eso que ahora llaman amor. Solamente sabía que era obligación obedecer lo que le ordenaban sus padres. Ellos sabían lo que estaba bien para su futuro. Y así lo hizo.
Se casó. Hubo una ceremonia religiosa. Una gran fiesta con muchos invitados y mucha comida. También hubo música, baile, alegría. Todos estaban felices. Incluso Anna estaba contenta. Se había casado. Cumplía con sus padres y con lo que Dios ordenaba para la mujer: casarse y tener hijos. Y Anna iba a tener, por fin, su propia familia y sus propios hijos.
Anna no sospechaba lo que le esperaba. La noche de bodas supo lo que era estar con un hombre. Y no le gustó para nada. Solo sintió un profundo dolor, como le había dicho confesado su tía. Dolor, asco y miedo. Mucho miedo. Miedo a que su marido la lastimara con esa cosa que le metía en el cuerpo. No sintió ese placer del que le habló su hermano. El acto de tener un hijo la traumó y pasó a ser un sacrificio. Un sufrimiento que se prolongó durante toda su vida.

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