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sábado, 23 de noviembre de 2013

Para ti, abuelo…

Por Julio César Melchior
Don José Melchior
Abuelo murió y los años continuaron pasando, en silencio, inevitablemente. Su imagen se fue alejando, quedando allá lejos en el tiempo, entre la bruma del llanto y la nostalgia. Y yo seguí andando por la vida llevando en el alma su recuerdo. Conservé las vivencias que compartimos y la casa donde vivimos. Tengo frescas en mi memoria sus palabras, gestos y actitudes. Los amaneceres dorados compartidos en su taller de zapatero, remendando algún calzado, atendiendo a un cliente, añorando su tierra natal, la aldea Kamenka, en la lejana ribera del rió Volga, en Rusia; o llorando la soledad de un esposo huérfano, en un atardecer gris y frío de otoño.
Más de treinta años después aún conservo la llave… La llave de su casa que ahora es mi casa. La llave que abre la puerta de los recuerdos y mantiene viva su presencia. Porque está aquí, en la casa, conmigo, compartiendo cada momento, disfrutando cada sueño, o llorando cada fracaso, de sus amados nietos dispersos por la región.
No se ha ido. Es mentira que está en una tumba, en el cementerio. Es mentira que se fue, que Dios se lo llevó a su lado. Todo es una gran mentira.
Él nunca morirá ni jamás se irá. No mientras haya alguien que lo recuerde y lo ame.

2 comentarios:

  1. Maravilloso!! Emocionante, conmovdor!! Mis profundas felicitaciones, no sólo por la forma sublime de expresar los sentimientos sino por tenerlos tan profundos y genuinos! Es verdad que los seres amados no mueren, se prolongan en nosotros y viven a traves nuestro. En lo que somos, en los recuerdos, en lo que nos legaron

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  2. Mi agradecimiento, Mariposa, por las palabras tan bellas que me regalas: son un obsequio para mi alma. También, muchas gracias porque en cada comentario siempre le sumas una reflexión, un análisis. Eso los vuelve muy interesantes y aportan al enriquecimiento de lo que escribo y publico. Muchas gracias!!!

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