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jueves, 30 de enero de 2014

Chistes que nos contaron los abuelos

Ach net Närrich
(Ni loco)

Por el año 1900 y pico, vivía en una de las colonias un paisano alemán que luego de arrear hacienda por esos caminos de Dios, y habiendo quedado sin trabajo no podía encontrar ocupación alguna. Su difícil situación no hallaba remedio y entonces decidió dirigirse a la Capital Federal con el propósito de ganarse unos pesos. A poco de bajar del tren alguien lo encaminó a una agencia de colocaciones, donde expuso, en un castellano plagado de palabras en dialecto, su deseo:
-Vengo a buscar un empleo…
-¿De qué clase? –le preguntó al alemán el encargado de la agencia.
-De cualquiera…
-¿Le vendría de jardinero?
-¿Dejar dinero? –entendió el alemán-. ¡Ach net Närrich! (Ni loco)… ¡Si lo que ando buscando es el modo de conseguirlo!

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Discusión después de un casamiento…

Cuentan en los bares de las colonias que una madrugada de invierno de 1940 regresan dos borrachos a sus hogares, después de haber bebido hasta más no poder en un casamiento que ya llevaba tres días de jolgorio. Uno se llamaba Joseph y el otro, Hans. Caminaban en zigzag, extraviados en la neblina del alcohol.
Hans se aferra a un poste y mira hacia el cielo.
-Mirá, esa es la luna –afirma.
-¡No! Ese es el sol –lo corrige Joseph.
-¡Pero no hombre!, esa es la luna –insiste Hans con voz pastosa y ánimo contrariado.
-¡Te digo que no! –se mantiene firme en su opinión Joseph mientras se sienta, colocando la palma de la mano en forma de visera para escrutar el cielo con más precisión. –¡Ese es el sol!
La discusión continúa hasta que deciden preguntarle a otro borracho que, igual que ellos, vuelve del mismo casamiento.
El borracho mira hacia el cielo. Analiza la pregunta. Piensa, reflexiona, y finalmente contesta:
-No sé, no soy de esta colonia.

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Mejor no hacer preguntas

Un colono ebrio hasta la locura, llora una pena de amor imposible, sentado en una de las esquinas de la calle ancha de la colonia. Llega corriendo el oficial de policía de la localidad, agitado y sudado por el esfuerzo realizado, y le pregunta imperioso, con el revólver en la mano:
-¿Viste a un tipo doblar la esquina?
El borracho lo mira. Se seca las lágrimas con el torso de la mano, suspira hondo, se concentra increíblemente, para responder:
-No sé... cuando llegué, la esquina ya estaba doblada.

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