Por Leandro Hildt

Llegaron a ese lugar invitados
por Catalina II de Rusia, llamada “La Grande”, quien les otorgó una serie de
privilegios para convencerlos a mudarse a ese lugar. La principal actividad de
estas colonias fue la agricultura y la ganadería. Tuvieron que pasar 100 años
de sacrificio y trabajo duro para lograr cierto bienestar y estabilidad. Luego,
el Zar Alejandro II comenzó a anular los privilegios otorgados por Catalina. En
1874, se dio a conocer un Manifiesto que, entre otras cosas, establecía el
servicio militar obligatorio que duraba varios años y la introducción del
idioma ruso en las escuelas, que hasta ese momento mantenían el idioma alemán.
Este intento de rusificación de los alemanes, que mantenían sus costumbres y
religión desde un principio, hizo que algunos decidieran dejar el Volga y
buscar otros países para vivir.
En 1877, Nicolás Avellaneda promulgó la ley de
inmigración en Argentina, y la noticia llegó a los alemanes del Volga, que
comenzaron a llegar a partir de fines de 1877 y comienzos de 1878 para fundar
en nuestro país una serie de aldeas. Además de la Argentina, también recibieron
inmigrantes alemanes del Volga los Estados Unidos, Brasil y Canadá; pero
centenares de miles de alemanes se quedaron en Rusia. Los que dejaron el
imperio zarista fueron un porcentaje muy reducido de todos los habitantes de la
zona del Volga.
El imperio ruso quedó abolido en 1922 y se formó la Unión
de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Algunos seguían intentando
salir de Rusia hasta que esto ya no fue posible a partir de 1929 por un decreto
del Joseph Stalin. Más de un millón de alemanes quedaron en la Unión Soviética.
Bajo el comunismo, las aldeas alemanes del Volga llegaron a formar primero una
región autónoma, y el 6 de enero de 1924 se constituyó la República Autónoma
Socialista Soviética de los Alemanes del Volga. Su capital fue Pokrovsk que en
1931 adoptó el nombre Engels. Esta república duró hasta el 28 de agosto de
1941, año en que fue liquidada por otro decreto de Stalin. Los alemanes del
Volga fueron acusados falsamente de ser espías y colaboracionistas de Hitler.
Un tercio de los alemanes de Rusia fue fusilado y todos los demás fueron
deportados masivamente a Siberia, Kazajstán y Alma-Ata en la frontera con
China. Se les quitaron todos los derechos civiles.
Al día siguiente de la publicación del funesto decreto,
todas las familias de todas las aldeas fueron informadas de que debían
abandonar sus animales, casas y pertenencias porque serían deportados en las
horas siguientes. Algunos no tuvieron más que 20 minutos para prepararse. En
poco tiempo llegaron soldados en carros para cargar a las personas y llevarlos
a la estación de tren desde donde serían enviados. Los que pudieron, habían
preparado equipaje con ropa, comida y cosas que consideraron necesarias, pero a
los que tenían mucho equipaje los soldados se los quitaban y tiraban. Los
ancianos y niños podían ir sentados en los carros, el resto iba caminando.
Algunos sobrevivientes cuentan que en las aldeas donde se demoró más la partida
podían ver el sufrimiento de las vacas con las ubres llenas de leche, sin que
nadie pudiera ordeñarlas, porque eran vigilados por los soldados que no les
permitían hacer nada. Los que tuvieron tiempo, aprovecharon para hornear pan
para el viaje. Cuando llegaron a la estación, estuvieron sentados en el piso,
algunos a la intemperie, amontonados y rodeados por los soldados. Cuando llegó
el tren, vieron que eran vagones para transporte de animales. Todos tuvieron
que subir. Lo hicieron llorando y quejándose por el maltrato.
El viaje del
horror
El viaje fue terrible, frío, sucio, en algunos casos duró
hasta dos meses. Muchos murieron por enfermedades o congelados por el brutal
frío. Las personas fallecidas permanecían en los vagones o simplemente eran
arrojados junto a las vías. Cuando llegaron a sus nuevos destinos, había carros
esperando para llevarlas a su destino final. Muchos estuvieron algunos días a
la intemperie, sin nada con qué protegerse del viento, la lluvia, la nieve y el
frío. Los hombres y jóvenes fueron movilizados para el Ejército de Trabajo, una
modalidad de trabajo forzado con estricto control militar, elevadas exigencias
y durísimos castigos. Las mujeres y chicas adolescentes talaban árboles y los
aserraban en el bosque, que los muchachos más jóvenes sacaban con caballos. Las
mujeres mayores y niños tejían redes para la pesca. Todo el trabajo se
dificultaba por una alta capa de nieve de hasta 1,20 m, el frío, el viento y el
hambre. La comida que recibían era apenas de 400 g de pan y pescado salado. El
que tenía 10 años o más y no trabajaba, no recibía el pan. Todo el trabajo era
vigilado por soldados que lo hacían cumplir a fuerza de gritos y golpes. En
pocos meses, la mitad de los alemanes murió. Como la tierra estaba congelada
hasta un metro de profundidad, la gente no tenía fuerzas para enterrar a sus
muertos y simplemente los tapaba con nieve. Frecuentemente venían los perros,
excavaban la nieve y se comían los cadáveres. Los desterrados y presos vivían
en barracas que ellos mismos debían construir o en cuevas donde morían
congelados. Las barracas eran muy precarias y no protegían de la lluvia. Todo
el tiempo el piso era un barrizal. Las temperaturas llegaban a 40 grados bajo
cero.
Esta fue la situación trágica de los Alemanes del Volga
que no tuvieron la suerte de salir de Rusia a tiempo. Pasaron muchas cosas más,
tan terribles e incluso peores que la deportación. Es difícil decir cuántos
murieron bajo esas circunstancias. Fueron miles y miles. A pesar de esta
matanza de miles de alemanes, Rusia no pudo hacer desaparecer por completo a
los alemanes del Volga. Algunos sobrevivieron, y quienes somos sus
descendientes hemos conservado con orgullo su cultura, su idioma y su identidad
étnica. Cada 28 de agosto recordamos con tristeza a todos los alemanes del Volga
que murieron injustamente por culpa del dictador Joseph Stalin.
Una vez muerto el dictador absoluto e iniciado un proceso
de desestalinización, en 1964 el gobierno soviético reconoció que los alemanes
de Rusia no habían sido saboteadores, pero el daño ya estaba hecho. Además,
había impedimentos para volver a las aldeas del Volga, ocupadas mientras tanto
por rusos, y los alemanes nunca fueron indemnizados por sus pérdidas y
sufrimientos. La URSS jamás indemnizó a las víctimas y sus familiares por
haberles quitado la vida, la salud, los bienes, el honor y su identidad.
El texto del decreto
de Stalin
“Disposición del Presidente del Soviet Supremo de la
unión de las Repúblicas Soviéticas sobre el traslado de los alemanes que
habitan el territorio del Volga. Según exactas referencias recibidas por las
fuerzas militares, tomamos conocimiento que miles de subversivos y espías se
encuentran entre los habitantes del territorio del Volga esperando una señal de
Alemania para provocar actos terroristas en la región ocupada por los alemanes.
Ningún alemán que habita la zona informó a las autoridades soviéticas sobre la
existencia entre ellos de tan enorme cantidad de subversivos y espías. Por ende
la población alemana del territorio del Volga oculta la presencia de enemigos
del pueblo soviético y del poder soviético. En el caso de que por órdenes de
Alemania los perturbadores y espías realicen actos terroristas, tanto en la
República de los Alemanes del Volga como en las regiones limítrofes, el
Gobierno soviético siguiendo las leyes de la época de guerra, se verá obligado
a reprimir a todos los alemanes del Volga. Previniendo estas expresiones
indeseadas, y para no derramar sangre inútilmente, la presidencia del Soviet
Supremo de la Unión Soviética, decidió la necesidad de trasladar a todos los
pobladores alemanes que habitan el territorio del Volga. Por lo tanto los
expatriados recibirán tierras y ayuda estatal para establecerse en la nueva
región. Para este asentamiento se asignaron las tierras fértiles de Novosibirsk
y Omsk del distrito Altai, Kazajstán y otros lugares vecinos. Por
unanimidad con estas medidas se propuso al Comité estatal para la defensa
territorial, realizar de inmediato el traslado de todos los alemanes del Volga
y proveerlos de tierras y útiles de trabajo para su nuevo y seguro lugar.
El presidente del Soviet Supremo de la Unión Soviética,
M. Kalinin
El secretario del Soviet Supremo, A. Gorkin
Moscú, Kremlin, 28 de agosto de 1941”
Para entre los años 1890 y 1900 vinieron mis abuelos a este país. Mi abuelo paterno a quien no conocí, menos a mi abuela paterna, y según mi padre tuvo conscripción obligatoria durante 6 años. En algún lado debo tener una foto con el con el uniforme militar.
ResponderEliminarTremenda historia reciente, mi abuelo llegó desde a Brasil y luego a Argentina donde fundó la Colonia 2 Pueblo San José en 1878 si no me equivoco, dejo una hermana con su familia en Rusia. Pero ésta historia receinte la sabía a medias, gracias por publicarla.
ResponderEliminarMIS HIJOS POR PARTE DE LA MADRE ,,, SON DESCENDIENTES DE ALEMANES DEL VOLGA !!!! Y ESTA HISTORIA ME CARCOME HASTA LOS HUESOS !!!! UN HOLOCAUSTO QUE NO SE MENCIONA COMO ES DEBIDO !!!!! QUE PADECIMIENTO HASTA LA AGONIA !!!!!!
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