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lunes, 9 de noviembre de 2015

El sepulturero

Arroja paladas de tierra
sobre el indefenso ataúd,
y caen los pétalos
en lágrimas de barro,
sobre el pobre cuerpo,
en su caja de madera.

Mientras los deudos cantan,
con el alma en la voz,
 y en los labios el sabor a sal,
el sepulturero arroja
coronas de flores frescas,
bañadas de agua bendita.

Y presto se aleja,
dejando tan solos,
a los deudos y al muerto
en la ciudad de las tumbas,
que recorre como quien
recorre su casa.

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