
El gallinero era un
pequeño galpón construido con mucho ingenio por papá, con paredes y techo de
chapa vieja y oxidada. En el interior, no se soportaba el frío en invierno y el
calor en verano. Las aves ponían los huevos en cajones de fruta acondicionados
con paja vizcachera: mamá era hábil construyendo nidos. ¡Les salían preciosos!
Y las aves le estaban agradecidas y le devolvían la gentileza poniendo gran
cantidad de huevos. Tantos que proveían al hogar de este alimento y en
ocasiones hasta sobraban para vender y hacer algunos pesos extra. Lo mismo que
aves, las que eran criadas para alimento de la familia y para comercializarlas
y colaborar con la economía hogareña cuando las cosas no marchaban bien. ¡Y
vaya si colaboraban! Mamá sabía muy bien cómo hacer para que el gallinero
produzca cuando papá no tenía trabajo o estábamos de malas.
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