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sábado, 4 de junio de 2016

Lo que sufrieron y padecieron nuestros abuelos para llegar a estas tierras

Carta que el escritor y periodista Roberto J. Payró le escribió al escritor y poeta José León Pagano, sobre las condiciones en que viajaban los inmigrantes europeos a la Argentina, en 1903, cuando todavía llegaban alemanes del Volga al país, entre ellos, muchos de nuestros abuelos. Leyendo esta carta podemos darnos una idea de todo lo que sufrieron y padecieron para llegar a estas tierras.

A bordo del “Pelagus”, 
14 de diciembre de 1903

Mi querido amigo:
Mañana, por fin, vamos a desembarcar, con dos días de atraso, y entonces echaré al correo esta primera carta que te escribo, todavía bajo la impresión de terribles emociones. Mi pasaje de tercera me dio un sitio entre cuatrocientos cincuenta pobres diablos como yo, que llenan el entrepuente convirtiéndolo en una especie de plaza de aldea en día de mercado, pero sin aire, ni luz, ni alegría. Está rebosando de hombres, mujeres, niños, en revuelta confusión, que hablan todos los idiomas, exhalan todos los olores, visten todos los harapos…
 No te puedes imaginar lo que una persona medianamente educada, por mucho que sea la amplitud de su espíritu, padece en lo físico y lo moral durante uno de estos viajes dolorosos y deprimentes. Mis compañeros mismos, aunque en su mayoría hechos a la miseria, se sienten rebajados de su dignidad de hombres, y se rebelan instintiva e inconscientemente contra ello, manifestando la protesta con su irritabilidad y mal humor.
Considérame en este hacinamiento humano, entre multitud de mareados que en un principio aumentaban minuto por minuto, con las apreturas, la falta de aire, el hedor, el contagio inevitable por la excitación y luego depresión de los nervios…
En los primeros días yo no podía estar sino en el puente, echado de bruces sobre la borda, mirando el mar, bebiendo la buena brisa del Océano, hasta que la fatiga me obligaba a ir a acostarme abajo, en aquellas mazmorras de madera, en que las camas parecen oscuros estantes, para mercancías sin valor, desperdicios de humanidad. […]
Mis pobres compañeros, anónimas reses de aquel rebaño encajonado, sufrían también, y en medio de la noche, entre ronquidos y respiraciones anhelosas, sonaba de vez en cuando algún terno sofocado, alguna imprecación, algún juramento. […]

Fuente: Documentos para la historia integral argentina 3, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1981

1 comentario:

  1. Debe haber sido un completo martirio, uno no toma real dimension de la tortura fisica y moral por la que tuvieron que pasar nuestros antepasados para llegar a un destino incierto , pero auspicioso para quien venia de pasar hambre y posibilidad de peligro para sus vidas, vaya nuestros respetos por todos ellos por su ferrea voluntad de progreso .

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