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jueves, 15 de septiembre de 2016

Abuela se levantaba temprano

Abuela se levantaba a las tres de la mañana para hornear el pan familiar en el horno de barro que había construido abuelo detrás de la casa. Preparaba el tradicional Kalach, el pan de los alemanes del Volga que después sus nietos comíamos durante el desayuno untado con manteca y miel. 
Concluida la tarea, se aprestaba a lavar la ropa de todos los integrantes de la familia en la enorme palangana de chapa, fabricada por Kunst, el hombre que lo arreglaba todo en la colonia. Lavaba a mano, fregando las prendas en la tabla de lavar, también fabricación local, realizada por José, el carpintero.
Mientras lavaba, comenzaba a preparar el almuerzo. Desde temprano, para que todo estuviera bien cocido. Buscaba las verduras en su huerta, las pelaba, cortaba y picaba. La carne la proveían sus animales domésticos. Los fideos los amasaba ella. 
Era poco, casi nada, lo que se compraba en el almacén de don Juan. Apenas la harina y algún ingrediente menor.
A las doce, con el toque de las campanas de la iglesia, llamaba a almorzar. La cocina olía a abuela, a hogar. En el ambiente se respiraba amor. EL mismo amor que surge en mi corazón, al recordarla, al escribir estas líneas y eternizarla en esta remembranza.

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