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jueves, 8 de septiembre de 2016

Silvina Streitenberger, hija de Agnes y de Erwin, los protagonistas reales de la película que se estrena este fin de semana

La Nueva Radio Suárez

Hija de Agnes y de Erwin, los protagonistas reales de la película que se estrena este fin de semana. Una historia apasionante. Cuenta el encuentro de su hijo con su abuelo, y de ella con sus medios hermanos alemanes. Recuerda que ese abrazo posiblemente cerró una historia que estaba abierta, completó un círculo, demostrando que la historia de amor de la que es fruto, con los años, pudo tener un final feliz, con el reencuentro entre hermanos.

“Querida Silvina. Lamentablemente no hablo español, pero Fernando dijo que te pueden traducir la carta. Yo y mis hermanos nos alegramos mucho por tener otra media hermana. Lamentablemente nuestro padre nunca contó de esto y así no sabíamos nada de ti, hasta que me llamó Alejandra un día y me contó toda la historia”.
Este es el principio de una carta, proveniente de Alemania, fechada el 22 de agosto de 2002, y firmada por uno de los medio hermanos de Silvina –Vina- Streitemberger. 
Esta carta comenzaba a cerrar un círculo que había quedado abierto luego de que, terminada la Segunda Guerra Mundial, Erwin Röder, entonces joven soldado del derribado Graff Spee -el acorazado alemán vencido en aguas del Río de La Plata y hundido por decisión de capitán- regresó a su Alemania natal. Había estado como muchos de sus compañeros marineros viviendo un buen tiempo en el hotel de Sierra de la Ventana, cerrado entonces al público, y al que cuentan, le hicieron varias y notables mejoras. 
Ahí conoció a una joven de Santa María que había ido al lugar a trabajar como mucama: Agnes, o Inés Streitenberger, como la conocían en la tercera Colonia Alemana. Los jóvenes se enamoraron. Agnes quedó embarazada y tuvo una hija, Silvina.
“Es una gran lástima que nos enteramos de esto solamente ahora. Y no antes, cuando papá todavía era vital y de buena salud mental. Hoy nuestro padre tiene 84 años, cumple 85 el 27 de diciembre de 2002, y está muy olvidadizo y confundido. Fernando (el hijo de Silvina), le habló en español, todavía lo habla muy bien. Toda su vida había contado mucho de Argentina y en realidad antes quería volver a ir allá. Pero cuando volvió, después de la guerra en el ´46, todo estaba destruido por bombas y no había posibilidades para ganar plata para volver a Argentina. Sus padres huyeron de Ostpreussen, y no les quedó nada. Tuvieron que abandonar su casa y sus caballos allí. Después mi padre aprendió albañil y se construyó una casa para él y sus padres”. 
Silvina se creyó hija de quien en realidad eran sus abuelos. Y quien era en realidad su madre pensó por mucho tiempo que era su hermana. En una familia de muchos hijos una hija más pasaba casi desapercibida.
Pero la sociedad de esos años fue implacable con la jovencita que había quedado embarazada, que se había casado y que luego había quedado sola. Muchos ni se enteraron del embarazo de Agnes. El día que nació Silvina, Agnes estuvo trabajando en la iglesia durante muchas horas, llegó a la casa familiar y tuvo familia. Así nació Silvina, en una de las habitaciones del hogar de sus abuelos, dejando sentir su presencia, cuando hacía oír su llanto de recién nacida y entonces la gente preguntaba, preguntaba y hablaba.
Esta historia de amor que quedó trunca por la partida de Erwin, por la distancia, y por el idioma –envió alguna vez una carta a su amada, escrita en alemán, y que entonces nadie pudo traducir-, está ahora llevada al cine de la mano de César Mellinger como director. 
La película “Agnes” se estrena este sábado en el salón Juan Peter de Santa María y en el Cine Italia este próximo domingo.
Silvina cuenta que “recién a los 14 años me enteré que ella era mi madre. Nunca me dijeron algo. Me criaron mis abuelos, Federico Streitenberger y Julia Melchior. Yo pensaba que ellos eran mis papás. Yo nací el 5 de mayo de 1945 y el 6 de octubre ella cumplió los 18 años. Mi abuelo, el que me crío, tenía 14 chicos. Ella (Agnes) a la fuerza tenía que ir a laburar, para ayudar en la casa. El 12 de octubre se casó con Erwin Röder”. 
Aclara “Vina” que “nunca me interesó, porque, lo podes preguntar a mis hijos, a quienes recién a los 38 años les dije que ella era mi mamá. Siempre les decía que era mi hermana. No tenía relación. Mis abuelos me criaron, me dieron todo. Me enteré que Agnes era mi madre cuando fue al Registro Civil a sacar a los 14 años, porque en el 6to grado de entonces teníamos que sacar una cédula. Fue allá y Pedro Streitenberger leyó: Silvina Streitenberger, hija de Agnes Streitenberger. Le pregunté, me mostró el libro. Fui a la casa y la abuela justo estaba limpiando la cocina a leña. Le dije ‘¿Así que usted no es mi mamá?’. Me dijo: ‘¿cómo no soy tu mamá?’. Después me contó: ‘Tu mamá era muy joven, a mí me hicieron la vida imposible cuando ella estaba embarazada. Era algo terrible y ella tenía que salir a trabajar’”, relata Silvina.
¿Cómo habló con quien consideró por muchos años su hermana y que resultó ser su mamá? Cuenta Silvina que “una vez ella estaba bastante mal, vivía en General Lamadrid, fuimos y le pregunté: ¿qué padre tengo yo? Me respondió que soy hija del alemán. Después, cuando ella estaba por morirse, me llevó mi yerno. Ella me agarró de la mano, me quería decir algo, pero ya no podía hablar más. La verdad que nos tratamos como hermanas. Nunca la reconocí como mamá”.
Silvina tiene la libreta de casamiento de sus padres, Agnes y Erwin. 
“A mí nunca me interesó encontrarlo. Habían pasado 58 años. Jorge Jordi, el historiador de Bahía Blanca, me proporcionó todos los datos históricos de cuando Erwin estaba en Sierra de la Ventana. La verdad es que nunca me interesó, antes no contaban nada, era todo muy cerrado. Sé que el alemán rehízo su vida, se casó y tuvo hijos. Sé que Agnes recibió carta de Erwin, pero no la podían leer porque estaban escritas en alemán. Mi hijo, Néstor Fernando, fue a Alemania. Le di todo lo que tenía de mi mamá. Buscaron por Internet a la familia. Ellos al principio no querían saber nada. Cuando Néstor presentó la libreta de casamiento y las cosas que sabíamos, como el nombre del padre y la madre de él, ahí recién lo atendieron. Él nunca les había contado que en Argentina se había casado y tenía una hija. Yo nací el 5 de mayo de 1945 y el 12 de octubre Agnes se casó con el alemán. Pero él no me puso en la libreta. Tenía 5 meses cuando se casaron, quiere decir que me conoció. La familia de Erwin al principio no quería saber nada, pero para Pascua se juntaron y ahí Fernando presentó toda la documentación que llevaba. Mi hijo fue a conocer a su abuelo y me contó que lo trató como si lo hubiera conocido de cuántos años, le habló en castellano y todo. Sabemos que él siempre tenía ganas de volver, pero no lo pudo hacer”. 
“Papá y su amigo querían volver a la Argentina con plata, pero esto duró algunos años, y mientras tanto se acostumbró acá otra vez y conocieron mujeres. Así se quedaron acá al fin. Pero que nunca haya contado que ya estaba casado en Argentina, eso no puedo entender. Así tienes dos media hermanas más y un medio hermano”. 
Así dice otro tramo de la carta enviada desde Alemania a Vina, luego de lo cual le empieza a contar de cómo se compone cada una de las familias de sus medios hermanos alemanes, y a lo que se dedica cada uno. Quien le escribe la carta, le dice que su hija Celine, con 6 años entonces, “está muy feliz por tener otra tía más. Y a Fernando (el hijo de Silvina que hizo el primer contacto con sus parientes alemanes), lo quiere mucho, el es muy, muy amable”. Anticipa que están reconstruyendo su vieja casa, la que estará terminada para Navidad y “vamos a tener suficiente espacio para que puedas visitarnos. Nos gustaría mucho conocerte”.
“Querida Silvina, escribinos algo de ti y tus hijos, en todo caso tienes que mandarnos una foto retrato de ti. Me gustaría mucho ver si te pareces a papá. Espero que escribas algo. Muchos saludos de Alemania de tus medios hermanos”.
Vina conoció a su padre por las fotos que le enviaron sus medios hermanos. Cuando falleció desde Alemania también le enviaron fotos de la ceremonia de cremación y del momento en que sus cenizas eran lanzadas al mar. Fue una manera, generosa, de sus medios hermanos alemanes de integrar a Silvina en la ceremonia de finalización de la vida de quien fuera su padre.
Pudo conocer a dos de sus medios hermanos, porque vinieron a visitarla a Santa María.
“Primero vino Jens, el menor de los varones, y después vino Heidi, la mayor de las chicas. Ella me contó la historia que había ido un tiempo antes que me hijo tomara contacto con la familia alemana, con una tarotista, acompañando a una amiga”. 
Aquí se suma en el relato Andrea, la hija de Silvina: “ella no quería tirarse las cartas, porque decía que no creía. Cuando fue la persona que le tiraba las cartas le decía que le salía una hermana  mayor. Decía que no podía ser porque ella era la mayor. Se fue del lugar diciendo que la mujer que les tiraba las cartas no sabía nada. Después, al mes de haber sucedido esto, aparece mi hermano llamándolos por teléfono y contando la existencia de mi mamá”.
Dos veces vino de visita Jens, dos veces vino de visita Heidi. Queda todavía pendiente la visita de Jutta, la más chica. “Ella todavía no pudo venir, pero mantenemos una comunicación por medio de facebook”.
Por supuesto que cada reencuentro fue muy emocionante. “Es como si ellos la conocieran de toda la vida, como si no se hubieran visto hace mucho. Dicen que los alemanes son fríos, pero ellos demostraron ser totalmente distintos a eso. La abrazaban, la besaban, como si fuera la hermana que hace muchos años que no ven. Uno pensaba que iba a ser más frío el vínculo, pero todo lo contrario. Cuando nos escribimos siempre ellos preguntan cómo está, cómo se sienten, que les gustaría venir o que mamá fuera para allá”, cuenta Andrea.
Por supuesto que Andrea se acuerda perfectamente –le duele la mejilla todavía- del cachetazo que recibió de su madre cuando un día que llegaba Agnes de visita se le ocurrió decir en voz alta: “¡Ahí viene la abuela!”, dando a entender que sabía perfectamente de la historia. 
Silvina recibió de sus hermanos un regalo muy especial: un colgante que perteneciera a la madre de su padre, el que guarda entre los recuerdos particulares de esta parte de su historia.
Silvina, Vina, la hija del alemán y de Agnes, recuerda aún hoy el abrazo gigante, prolongado, efusivo, que recibió del primero de los medios hermanos que vino a visitarla. Ese abrazo posiblemente cerró una historia que estaba abierta, completó un círculo. Demostrando que la historia de amor de la que es fruto, con los años, pudo tener un final feliz, con el reencuentro entre hermanos.

2 comentarios:

  1. Excelente la idea de documentar esa hermosa y triste a la vez de la historia de esa flia.en una película. Exitos...<!!

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  2. Excelente la idea de documentar esa hermosa y triste a la vez de la historia de esa flia.en una película. Exitos...<!!

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