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lunes, 29 de mayo de 2017

¿Qué le dio y qué le quitó la llegada de la tele a nuestra infancia en las colonias?

La llegada de la televisión a las colonias terminó por borrar definitivamente nuestra manera de vivir la niñez y pasamos, sin darnos cuenta apenas, de jugar en la vereda durante los atardeceres de verano, a sentarnos frente a la pantalla de un televisor a compartir nuestro tiempo, aventuras y sueños, con personajes que protagonizaban series como El Zorro, Tarzan, El gran chaparral, Bonanza, Combate, Batman, entre muchas otras más. Nombres extranjeros y totalmente ajenos a nuestra cotidianidad e idiosincrasia, ocuparon el espacio de nuestros juegos tradicionales, que súbitamente empezamos a olvidar y a considerar arcaicos y pasados de moda.
A partir de allí, cambio completamente nuestro estilo de vida. El de los niños y el de los mayores también, por supuesto. Porque mientras los niños nos sentimos atraídos frente al televisor por las aventuras y la magia de las series, nuestros padres eran seducidos por la seriedad de los noticieros y el glamur de las telenovelas.
Ya no hubo tiempo para que nuestros padres se sentaran a la noche en la vereda a conversar con los vecinos mientras comían girasoles o tomaban mate en tanto nosotros jugábamos nuestros clásicos juegos infantiles heredados de los ancestros o para enfrascarnos en la paciente aventura de cazar bichitos de luz para meterlos dentro de un frasco y utilizarlos como velador, algo que la mayoría de los niños no teníamos.
La tele, con sus series y personajes, renovó nuestra imaginación, el deseo de vivir nuevas aventura y nuevos juegos, padres más informados sobre lo que sucedía en el país y en el mundo, merced al noticiero, y madres con conocimientos sobre la vida de los artistas protagonistas de las telenovelas; pero el precio que pagamos es muy alto: la tele nos dio, es cierto, pero también nos quitó, nos quitó nuestro estilo de vida, nuestra idiosincrasia y parte de nuestra identidad.

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