
-Pero era muy bueno
con ustedes -lo disculpó la abuela. Los quería mucho. Los llevaba a la huerta
para que lo ayuden a regar y…
-Y le sacábamos canas
verdes -rió la nieta.
-Es que ustedes
también eran muy schlim -interrumpió la abuela para decir que eran muy
traviesos en su idioma cotidiano, el dialecto heredado de sus ancestros. Le
pisaban los canteros de repollo, arrancaban los tomates cuando todavía estaban
verdes y tu hermano Alberto, agarraba la azada y empezaba a carpir todo lo que
encontraba en su camino, sin discriminar entre lo que eran plantas de yuyos y
verduras.
-Pobre abuelo -suspiró
la nieta, mirando la fotografía que había sobre el aparador, seguramente
rememorando el día de su muerte, ocurrida un atardecer de hace cinco años.
-Bueno… basta de
recuerdos! -exclamó la abuela. Preparamos el Füllsen?
-Sí! Dale! Yo te
ayudo. Voy a la despensa a buscar el pan seco y empiezo a cortarlo.
La abuela fue al
gallinero a buscar huevos frescos con un balde. Al regresar puso varios sobre
la mesa. También buscó los ingredientes: leche, azúcar, manteca, crema y pasas
de uva.
-Abuela, quién te
enseñó a hacer Füllsen?
-Mi mamá -respondió la
abuela. Y ella aprendió de su madre. Es una receta muy antigua que nuestra
familia trajo del Volga. Te voy a mostrar algo. Enseguida vuelvo.
La abuela fue a su
pieza y volvió con un libro.
-Mirá -murmuró
emocionada, mientras le extendía la obra. En este libro está la receta de la
familia -reveló.
-”La gastronomía de
los alemanes del Volga” -leyó la nieta. Y esto? -preguntó sorprendida.
-Es un libro con todas
las recetas tradicionales de nuestra gente. Lo escribió Julio César Melchior.
-Qué lindo! -suspiró
la nieta. Y está tu receta?
-Sí, querida. Julio me
entrevistó. Vino acá a casa con una balanza -sonrió. Sí, Marisa, con una
balanza. Y sabés por qué? Porque yo le contaba la receta como la aprendí, a
ojo. Un puñado de pan, unas pasas de uva y así es difícil que la gente aprenda
a hacer una receta. Por eso, tuve que preparar un Füllsen para que Julio
pudiera pesar todo. Después lo invité a almorzar. Me salió riquísimo!
La nieta acercó el
libro a su pecho emocionada. Entre sus páginas latía un pedacito de historia
familiar. Después abrazó a la abuela.
-Bueno! Bueno!
Seguimos con el Füllsen? Ya son más de las diez. No vamos almorzar solamente
Füllsen? Hay que preparar algo más. Ya veremos! De hambre no nos vamos a morir.
La abuela comenzó a
unir, uno a uno, todos los ingredientes, mientras su nieta miraba maravillada.
-Parece tan simple -pensó Marisa. Y sin embargo, no es tan fácil como parece. (Autor: Julio César Melchior).
-Parece tan simple -pensó Marisa. Y sin embargo, no es tan fácil como parece. (Autor: Julio César Melchior).
Que hermoso, cuanta nostalgia, me crié con. mi abuela ruso alemana y todo era tan sencillo y tan rico, la sopa de fideos con leche, el tinicuj, el pan horno de barro, los relatos interminable de la guerra y como habían llegado a las colonia alemanas de villa Federal, el asentamiento en el Cimarrón, y la ambruna que los trajo a sta fe, cuantos recuerdos de vida, gracias por e relato.
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